Los Peligros de la Cámara Fotográfica y la Filmadora

La utilización de una cámara de fotos o de una filmadora es otro de los aspectos del nacimiento industrializado. La fotografía no es nueva. Fue inventada en 1839. Sin embargo, mientras el parto era un asunto de mujeres nadie había pensado en tomar una foto a un bebé que llegaba al mundo. A menudo, la primera foto era tomada algunas horas después del nacimiento.
La motivación inicial fue mostrar a través de la imagen que hay alternativas para el parto sobre una camilla, con las piernas atadas, bajo luces fuertes, en presencia de personas con delantal blanco. En cierta época era imperativo reemplazar las imágenes mentales habitualmente asociadas con la palabra “parto”.
Nosotros mismos contribuimos al desarrollo de una epidemia de fotos y películas, aún antes de la era del video . Siempre fuimos conscientes de la necesidad de intimidad. Cuando participábamos de reportes fotográficos o programas televisivos, estábamos muy atentos a incorporar la cámara sólo en el último momento, justo antes del nacimiento –en el punto sin retorno- cuando no existiera el riesgo de detener el progreso del parto.
En el contexto de un hospital en el que nacen muchos bebés por día, era posible improvisar e introducir la cámara sólo en un pequeño número de casos altamente seleccionados, cuando la mujer estaba realmente “en otro planeta”. Siempre hemos evitado hacer tomas en la primera fase del parto y fuimos siempre muy prudentes antes del alumbramiento de la placenta. Tengo el recuerdo de una mujer que trajo al mundo a su bebé ante una enorme cámara de una cadena de televisión alemana. Unos
instantes después del nacimiento dijo: “¡Fue maravilloso. Lástima que nadie haya sacado una foto!”.
Actualmente es muy común usar la filmadora, en especial una videocámara, durante el
nacimiento en casa o en la maternidad, sin darse cuenta qué tan invasivo esto puede ser. Numerosos programas de televisión fueron consagrados al nacimiento en casa. Es fácil encontrar mujeres que aceptan de antemano la presencia de un equipo de televisión en su casa.
Es elocuente que cuando suceden complicaciones en tales circunstancias, nadie las relacione con la presencia de la cámara. Les contaré algunas anécdotas significativas.
Recuerdo el caso de una partera norteamericana que fue perseguida por la justicia después de la muerte de un bebé nacido en casa. Se trataba de una presentación de nalgas. Era retrospectivamente fácil criticar la actitud de esa pobre partera sin defensas, porque todo el período previo al nacimiento había sido filmado con una video cámara. Esta historia fue luego discutida en internet por un grupo de parteras. Nadie evocó los posibles peligros del uso de la cámara. Tengo experiencias de partos de nalgas en las casas y no hubiera aceptado nunca estar involucrado en uno de esos nacimientos si la madre hubiera sido consciente de la presencia de la cámara.
La actual epidemia de fotos y videos es ante todo un síntoma de la incomprensión casi cultural de los procesos fisiológicos. Actualmente, la prioridad es redescubrir la necesidad de intimidad. Es necesario aprender a controlar y, en la medida de lo posible, eliminar a los observadores y a las diferentes formas de observación. Por este motivo, este libro no contiene fotos de nacimientos. La presencia de una cámara es incompatible con la “actitud biodinámica” del nacimiento.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

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