Cuando una futura mamá está sola con el papá del bebé… (Extracto)

Cuando una futura mamá está sola con el papá del bebé, y da la impresión que él comparte sus emociones y se va a otro planeta con ella – escena inimaginable hace 50 años- , también es posible que el parto no sea muy largo ni demasiado difícil. En este caso no hay nadie en plan de observador, da la impresión que no es sólo la mujer, sino la pareja la que da a luz.

Pero el pronóstico es muy distinto cuando el hombre se coloca delante de su mujer intentando mirarla a los ojos. Es como si en el preciso momento en que ella está a punto de cambiar de estado de conciencia, el hombre le dijera <<quédate conmigo>> . El cruce de miradas es un medio de comunicación muy poderoso para los humanos. Se puede utilizar este poder , por ejemplo, en las <<holding sessions >> para niños autistas, niños con dificultades para comunicarse hasta con su madre: la terapeuta lo lleva a mirar a los ojos de su madre para que pueda volver a entablar la comunicación.  Pero en el caso de un parto sucede lo contrario; no hay que intentar retener a una mujer que está a punto de cortar la comunicación. El hombre que se sitúa frente a su mujer está a la vez observando y controlando, dispuesto a sugerirle una posición o una manera de respirar.

Esta escena en cambio nos hace prever un parto largo y difícil. La situación llega a ser caricaturesca si varias personas (¡a veces hasta una cámara!) están observando.

Algunas mujeres son capaces de esconderse del mundo de tal forma que el comportamiento de su pareja y de las otras personas que estén atendiendo el parto no les afecte, sea cual sea el contexto. Conozco a una mujer que tuvo su primer parto rápido en un concurrido hospital escondiéndose debajo de una toalla. Tuvo a su segundo bebé en casa escondida debajo de  una bata.

Aunque el comportamiento de los presentes no importe en tales circunstancias , su mera presencia sí es importante.

No hay privacidad sin sentir seguridad. Hay que proteger la privacidad.

El caso de ciertos hombres jóvenes que se quedan cerca del lugar del nacimiento, pero fuera, nos hace reflexionar. Es como si protegieran del exterior la  intimidad de su mujer. Si alguien quiere entrar le paran con un gesto o una frase que pudiera interpretarse como <<No, ahora no; ella está dando a luz>>

A pesar de la imagen actual estereotipada de la pareja que da a luz, estos hombres jóvenes parece que han redescubierto de forma espontánea lo que podría ser en su origen el verdadero papel de los hombres: proteger el mundo de las mujeres y los bebés. Protegerlos de otros grupos humanos, así como de cualquier tipo de depredadores.

(…)Es importante, pues que seamos conscientes de la complejidad del tema y evitemos crear nuevas normas. Conozco a mujeres que no se han atrevido a decir que hubieran preferido, en cierta fase del parto, que sus maridos se fueran a dar un paseo por el parque, y  también conozco a algunos hombres que se han sentido obligados a participar del parto para no ir en contra de las costumbres del momento. Actualmente, muchas mujeres afirman que no habrían podido dar a luz sin su marido, y muchos maridos consideran el nacimiento de sus bebés como la experiencia más enriquecedora que hayan vivido jamás. Cada caso es distinto (…)Cuando hayan transcurrido algunos decenios podremos distinguir, dentro de la historia del nacimiento, las actitudes relacionadas únicamente con la era electrónica de las que habrán superado la prueba del tiempo.

MICHEL ODENT- Extracto de “El Bebé es un Mamífero”

Editorial Madreselva

Capítulo 4: “En Otro Planeta”

p. 49-52

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