¿Qué puede perturbar el proceso involuntario del nacimiento?

Esta respuesta se encuentra en la observación de los mamíferos no humanos, para quienes dar a luz es una experiencia solitaria.

En experimentos realizados con monas titís, sometidas a parir a la vista de otros y con luz encendida, se pudo establecer el momento exacto a partir del cual las hembras mostraban ansiedad, como así también que la curiosidad de grupo y su intensa necesidad de actuar perturbaban el nacimiento y el primer contacto entre la madre y el recién nacido. Para otras hembras gestantes, en el momento del parto, lo principal no es evitar a los predadores, sino protegerse de los miembros de su propia especie. Cuando el parto es inminente, se aíslan, por ejemplo: la oveja preñada, que vive en rebaño, se aleja de éste; la rata que tiene costumbres nocturnas, da a luz durante el día, y la yegua que, sale a pastar de día, da a luz por la noche.

Cuando se analizan los efectos de un baño caliente como protección contra una excesiva estimulación sensorial y contra todo lo que pueda desencadenar una respuesta de <<combate o huída>> por parte de la madre, surge una cuestión fundamental que debemos plantearnos y que en la facultad de medicina nos enseñaron a evitar: ¿qué es lo que puede perturbar el proceso involuntario del nacimiento?

Tenemos formas sutiles y poderosas de destruir la sensación de intimidad, y con ellas perturbar el proceso, pero que no necesariamente son patrimonio exclusivo de los partos en un hospital: establecer contacto visual con la parturienta (como pidiéndole  <<quédate conmigo>> justo cuando parece <<irse a otro planeta>>) o realizarle un examen en un  momento inadecuado o introducir una cámara en la habitación donde se encuentra son sólo algunos ejemplos de estas formas.

La observación de la conducta de otros mamíferos y de los efectos positivos de la intimidad durante el parto sugieren que la inmersión en una piscina y la eliminación de estímulos prpíos del contexto hospitalario pueden proporcionar el aislamiento que la madre necesita. Por lo tanto, una ducha en un baño pequeño y reservado puede resultar, a veces más eficaz que un baño en una sala grande y llena de gente.

En nuestra sociedad,  las embarazadas y las madres actantes, que necesitan un gran apoyo social, son aisladas; en cambio, las parturientas, que necesitan intimidad, son observadas por varias personas y, en ocasiones, por alguna máquina. Curiosamente, en las culturas donde la madre en ciernes puede aislarse para dar a luz, el parto suele ser más rápido y fácil

 

Michel Odent

Extracto del capítulo 10 “Por una Eco Obstetricia” del libro “Ecología Prenatal”. Editorial Creavida.

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