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CEGUERA CULTURAL

 Imagina que estás sentado(a) en un salón de conferencias durante una charla abierta al público. El tema es el nacimiento. Te preguntas quienes son los otros participantes. Claramente hay muchas mujeres embarazadas y parteras y ,quizás, también algunos doctores. Obviamente, los participantes tienen un interés directo e inmediato en el nacimiento. Ya sea por razones profesionales o por razones personales.  De la interacción entre el conferenciante y el público, parece ser que este evento está dominado por consideraciones de corto plazo. No se percibe como una discusión sobre el futuro de la humanidad.

            Hay una falta de interés universal sobre las consecuencias a largo plazo de cómo nacen los bebés.  En el contexto científico actual, esto se puede presentar como una suerte de ceguera cultural.  Es como si hubieran fuerzas culturales que nos están empujando a ignorar lo esencial.

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APRENDIENDO DE LOS BIÓGRAFOS

            Otra manera de evaluar la ceguera cultural es mirar a las biografías de pioneros muy influyentes y bien conocidos en algunas ciencias humanas o en medicina.  Algunos de ellos se han interesado en la manera en que nacen los bebés, y en muchos casos, esa fue la parte de su trabajo que fue ignorada por sus contemporáneos y, por lo tanto, no ha sido transmitida a las futuras generaciones. El trabajo de María Montessori es un típico ejemplo.  Es posible leer la más detallada de sus numerosas biografías en una gran variedad de idiomas, sin encontrar una mínima pista de la importancia que ella le asignaba a la manera en que los bebés nacen.  Este es el principio del capítulo “El niño recién nacido” en su libro titulado “El Secreto de la Niñez” (que es una adaptación al inglés del libro publicado originalmente en francés en 1930).

            “Al nacer el niño no entra en un entorno natural, sino más bien en uno que ha sido extensamente modificado por los hombres.  Es un ambiente que ha sido construido a expensas de la naturaleza, por los hombres… En ningún otro momento de su vida el hombre experimenta un conflicto y lucha tal, con el consecuente sufrimiento, como en el momento del nacimiento. Este es un período que ciertamente merece ser estudiado, pero hasta ahora ningún estudio así de ha hecho…”

            Podríamos hacer comentarios similares sobre las biografías de Raymond Dextreit, quien después de la segunda guerra mundial, fue un autor influyente de la “Medicina Natural”.  Escribiendo en el Journal francés de Bionaturismo en 1954, Drextreit comentaba sobre el nacimiento:

       “Todos los cuidados prodigados al  bebé del momento en que aparece sólo sirven para sacarlo de equilibrio en su punto de partida.  Cuando el bebé llega hay un schock esperando por él, más bien una serie de schocks.  Después de varios meses en la calma,  el silencio, la oscuridad y la confortable suavidad del vientre de la madre, el bebé repentina y abruptamente  se hace consciente del ruido y la luz, en una temperatura ambiente mucho más baja de la que ha conocido por meses. Y como si esta acometida de schocks no fuera suficiente, es luego expuesto al tratamiento particularmente brutal que es el corte temprano del cordón. En lugar de pensar en precauciones vitales, nos concentramos en microbios. En lugar de proteger y desarrollar todas las maravillosas inmunidades naturales, matamos todos los microbios… Por el momento, no iremos más lejos, esperando quizás presuntuosamente que hemos llevado la atención del lector a un aspecto del problema humano que los hombres de ciencia creen que han resuelto.”

          Drextreit estuvo en lo correcto al introducir la palabra “presuntuosamente”.

          De la misma manera que a pioneros individuales se les ha ignorado parte significante de su trabajo, el trabajo relativo al nacimiento de grupos médicos o de investigación científica ha sido pasado por alto.   La Sociedad Psicoanalítica de Viena ofrece un típico ejemplo.  Freud consideraba a Otto Rank, que trabajada muy cerca suyo por 20 años, el más brillante de sus discípulos vieneses.  El punto de inflexión fue en 1924, cuando Rank se atrevió a publicar Das Trauma der Geburt (El Trauma del Nacimiento), explorando como el arte, el mito, la religión, la filosofía y la terapia eran iluminados por el período de transición entre la vida intra-uterina y la vida extra-uterina.  Otto Rank había puesto su dedo en la fundación de nuestra civilización.

LAS FUNCIONES VITALES DE LA LOCURA

          Como la ceguera a propósito de la investigación científica sobre el nacimiento es cultural, debemos apoyarnos en maneras contraculturales de pensar y de ser para anunciar una nueva era con estrategias renovadas para la sobrevivencia.  Esto es sin lugar a dudas muy difícil porque los seres humanos están dotados con tendencias gregarias.  Como la mayoría de los primates necesitamos vivir en grupos.  Gracias a nuestra capacidad para comunicarnos de maneras sofisticadas, particularmente a través del lenguaje, creamos medios culturales.  Los medios culturales prescriben y proscriben comportamientos; dictan lo que la gente debe y no debe hacer según sus contextos y circunstancias sociales.  Las normas se establecen con al menos cierto grado de consenso,  que se imponen a través de sanciones sociales.

          Porque los comportamientos antisociales son contrarios a los estándares de nuestras sociedades, fácilmente son considerados patológicos o moralmente inaceptables.  En un contexto tal, es difícil aceptar que podemos tomar ventaja de ciertas desviaciones.  Dentro de estas desviaciones debemos mencionar a los excéntricos y a los genios.  La mayoría delos genios legendarios más altamente creativos, tenían personalidades inusualmente excéntricas y manifestaban muchos rasgos esquizoides.  Isaac Newton vivió la mayor parte de su vida solo. Albert Einstein no se aseaba y poseía deficiencias interpersonales bien documentadas. Bertrand Russell era un niño distante, solitario y de alguna manera inseguro, lo cual lo llevó a una vida inestable como adulto.

La relación entre “genio” y “locura” ha sido extensamente estudiada desde el siglo XIX, después de que Cesare Lumbroso, un psiquiatra italiano, publicara su libro “L’Uomo di Genio” en 1869. Los rasgos de personalidad de los genios se pueden simplemente omitir como detalles sin importancia, pero de hecho muchas veces sus historias familiares muestran fuertes conexiones entre genialidad y esquizofrenia.  Muchos estudios, como uno llevado a cabo en Islandia, plantea que los familiares de personas creativas sufren una tasa mayor de esquizofrenia. Es notable que la hija de James Joyce era esquizofrénica y el pedigree familiar de Bertrand Russell estaba cargado con personas esquizofrénicas; su tío William era “loco”, su tía Agatha era “delirante”, su hijo John fue diagnosticado con esquizofrenia y su nieta Helen también sufrió esquizofrenia y se suicidó prendiéndose fuego.  El hijo de Albert Einstein de su primer matrimonio sufría esquizofrenia. El hijo de John Nash, el dotado matemático y premio nobel de economía esquizofrénico, sufre esquizofrenia también.  Algunos individuos esquizofrénicos y muchos parientes de primer, segundo o tercer grado de ellos,  que comparten parte del genoma esquizofrénico, son algunas de las personas más creativas que hay. La relación cercana entre locura y creatividad llevó a David Horrobin a asumir que la “esquizofrenia” le daba forma a la humanidad.

          Algunos rasgos de personalidad –al límite de lo que es considerado patológico-  están asociados con la capacidad de superar las inhibiciones adquiridas durante el proceso de integración cultural. Estos rasgos se pueden reforzar después de una cierta edad.  Si somos positivos y realistas, podemos asegurar que hay personas que pueden superar nuestra ceguera cultural más fácilmente que otros. Estas personas son más preciadas que nunca. Debemos escucharlos.  Estoy pensando en Wilhelm Reich, que fue originalmente un discípulo de Freud.  Al final de su vida, era considerado loco, de acuerdo al criterio convencional.  Su comportamiento no era compatible con las normas culturales.  Es significante el hecho de que muriera en prisión. Es significante, también, que su último libro fuera “El Asesinato de Cristo”.  En el vocabulario de Reich, “Cristo” es la realización de la Ley Natural.  El libro es, principalmente , sobre la dominación, control y represión de los procesos fisiológicos humanos relacionados con la sexualidad.  Su conclusión contracultural es que tenemos que “cambiar el rumbo y concentrarnos en lo esencial de la vida humana” y que “el bienestar del bebé recién nacido …- no puede ser superado por ninguna otra consideración en la tierra.”

          Estoy pensando en Fréderick Leboyer, cuyo modo de pensar y estilo de vida es –por decir lo menos- poco convencional. En su famoso libro “Nacimiento sin Violencia”, originalmente publicado en 1974, él escribió:

     “… Uno tendría que ser naif para creer que un cataclismo tan tremendo no dejaría su marca.  Sus huellas están en todas partes; en la piel, en los huesos, en el estómago, en la espalda, en nuestra tontera humana, en nuestra locura, en nuestras torturas, en nuestras prisiones, en nuestras leyendas, en nuestras épicas y mitos…”

La manera más común de distorsionar el mal comprendido mensaje de Leboyer ha sido asociar su nombre con la palabra “método”.

            ¿Qué nos depara el futuro? ¿Podemos confiar en que habrá una cantidad suficiente de “locos” influyentes para superar nuestra ceguera cultural actual? Permitámonos soñar un escenario imaginario. Imaginemos, por ejemplo, que los rasgos excéntricos de la Ministra de Salud de un “enorme” país desarrollado se han pronunciado con la edad.  Después de considerar las estadísticas de nacimientos, ella observa una mayor tendencia a nacimientos por forcéps y ventosa, un uso más generalizado de asistencia farmacológica y un alza en la tasa de cesáreas, sin ninguna mejoría en cuanto al número de bebés vivos y sanos al nacer.

Ella está convencida de que la prioridad es crear condiciones compatibles con un parto fácil.  Ella se siente inspirada por su experiencia personal como madre y, también, por la manera en la que doulas fueron seleccionadas para una prueba aleatoria controlada en Houston, Texas.  Así es como ella ha diseñado un plan radical para ser aprobado por el comité.  Las bases de su plan es que para poder transformarse en obstetra o en partera el pre-requisito sea ser una madre que tenga una experiencia personal positiva de un parto sin medicación. ¿Cómo reaccionará el comité a un proyecto como ese? El escenario más probable es que la Ministra de Salud será considerada loca y rápidamente será reemplazada por algún colega capaz de estar a la altura de asuntos importantes.

Sin embargo, si el tiempo está “maduro” para una emergente nueva conciencia, otro escenario posible no se debe descartar.

Imaginemos que la mayoría de los miembros del comité son capaces de escuchar a la bizarra y elocuente Ministra de Salud y de superar su ceguera.  Se convencen de que, en cuanto a lo que concierne al nacimiento, “somos como un viajero o una viajera dándose cuenta que está en el camino equivocado o en el fondo de un saco”.  En ese caso, la mejor acción es volver al punto de partida y recomenzar el viaje en otra dirección.

La conclusión será: saquémonos de encima las secuelas miles de años de creencias y rituales y recomencemos desde la perspectiva fisiológica.  Actuemos como si no fuera demasiado tarde.

Michel Odent

Fragmento del libro “Childbirth and the Future of Homo Sapiens”

Traducción: Macarena Mardones

¡No los Olvidemos!: Rudolf Steiner, Frederick Leboyer, Ina May Gaskin, Wilheim Reich

¡No los Olvidemos!
Rudolf Steiner es, desde el punto vista histórico, uno de los primeros de una serie de visionarios. Es difícil darse cuenta de cómo las visiones de un ser humano extraordinario, que murió en 1925, concuerdan con los problemas del siglo XXI. La influencia de Rudolf Steiner es muy fuerte en los múltiples campos que engloban las artes, las ciencias , la educación, la agricultura, la ganadería, la medicina, y las cuestiones sociales. Me di cuenta de las particularidades de un modo de vida “antroposófico”, es decir, infuenciado por los trabajos de Rudolf Steiner, cuando estudiaba los posibles lazos entre la vacunación contra el coqueluche y el asma en la infancia. Encontre, por casualidad, algunos efecto inesperados sobre la salud. Por ejemplo, entre los 210 alumnos, de 5 a 18 años de una escuela “Rudolf Steiner” de Francia, sólo 4 usaban anteojos. Recientemente, una prestigiosa revista médica estudió las tasa particularmente bajas de enfermedades alérgicas entre los niños que tienen un modo de vida antroposófico.
Rudolf Steiner no podía disociar su interés por el desarrollo de las plantas, lo animales y los humanos. Este simple hecho es una preciosa lección en una época en que somos víctimas de una ceguera por la especialización en extremo. Ciertas predicciones de Rudolf Steiner pueden parecer retrospectivamente increíbles – prácticamente imposibles- al tomar en cuentael contexto científico de la época. Estaba preocupado por el hecho de que ciertos granjeros ya pensaran en darle productos de origen animal a sus vacas. El 13 de enero de 1923, en una conferencia en Dormach, declaró que si le daban carne a las vacas, ¡se volverían locas!
La agricultura biodinámica tuvo repentinamente su auge luego de ocho conferencias que Rudolf Steiner dio a principios de los años 20, por pedido de una cantidad de granjeros. Se trataba del primer método alternativo organizado de agricultura que se basaba en una visión de conjunto incluyendo consideraciones ecológicas y sociales. La agricultura biodinámica anticipaba los efectos destructores de los métodos tradicionales: erosión del suelo, pérdida de humus, desaparición de flores y animales –entre otros inconvenientes que sufrirían las generaciones futuras. El movimiento biodinámico constituyó una poderosa advertencia a la humanidad sobre la fría explotación de los recursos de la Tierra. Representaba una advertencia todavía más potente por el hecho de ser constructiva y ofrecer alternativas. La agricultura biodinámica implica la restitución de los suelos de elementos vivientes, gracias a la aplicación de humus estabilizado, es decir de materias orgánicas bajo formas enteramente degradadas. La rotación de los cultivos, la utilización correcta del compost, el conocimiento de la compatibilidad entre las plantas y el reposo temporario de los suelos, son elementos sanos y prácticos. La idea antroposófica según la cual las pestes y las enfermedades son los medios utilizados por la naturaleza para desembarazarse de todo lo que es básicamente insalubre constituye en sí misma una advertencia . Hoy, miles me dólares (o de euros) se gastan en la compra de pesticidas, fungicidas y herbicidas. Sin embargo, los granjeros siguen perdiendo un tercio de sus cultivos.
(…) Rudolf Steiner murió antes de mi nacimiento. Sin embargo, tengo hacia él un sentimiento de familiaridad a causa de mis lazos con personas cuyo modo de vida y filosofía están inspirados por conceptos antroposóficos.

¡No los olvidemos!
Frederick Leboyer, el obstetra poeta, ha sido también un influyente visionario. En su conocido libro “Por un Nacimiento sin Violencia” nos invitó a ponernos en el lugar del recién nacido cuando era habitual hablar de quien daba a luz. El momento era propicio para un libro de estas características, publicado originalmente en 1974. Estábamos ya en plena era electrónica de la obstetricia. Es por eso que “Por un Nacimiento sin Violencia” fue primero y ante todo percibido como una advertencia que concernía la desconfianza del nacimiento industrializado. No sólo el momento era propicio sino también la presentación del libro era ideal para inducir a una toma de conciencia. La asociación del texto y las bellas fotos significativas y emotivas constituyen un balance perfecto. El estilo mismo estimula constantemente la atención influenciando el estado emocional. En el estilo oracular del visionario, cada párrafo contiene una pequeña cantidad de frases muy cortas… Al estilo de las Escrituras. Aunque Leboyer nos invita a mirar al recién nacido como a un individuo, incluso como a una persona, es evidente que constantemente pensaba en términos de civilización. Una pequeña cantidad de alusiones significativas bien ubicadas amplían el tema. No elude las preguntas esenciales. Tratando de interpretar el ritual que consiste en precipitarse en cortar el cordón, se pregunta: ¿Cómo es que el Hombre, animal racional, con reputación de inteligente, actúe en un momento tan importante de manera tan irracional?”. Una frase, una pregunta, la dimensión cultural y el misterio de los rituales agresivos que reciben a los recién nacidos en todas las sociedades humanas son sutilmente evocados.
La forma en que nacimos permite interpretar nuestros comportamientos cuando nace un bebé. Según Leboyer, ese proceso de “transferencia” se repite sin fin de generación en generación. “Es en conjunto lo que con ignorancia llamamos educación”. Después de haber sido invitados a darnos cuenta de la interferencia del medio cultural, y después de haber sido condicionados para pensar a largo plazo, leemos: “He aquí el nacimiento. He aquí ese suplicio, ese calvario, esa masacre de un inocente que no sabe hablar. Creer que de un cataclismo tal no puede quedar nada, ¡qué inocencia! Las marcas están por todos lados: en la piel, en los huesos, en el vientre, en la espalda, en la locura. En Nuestras locuras, nuestras torturas, nuestras prisiones. En las leyendas, en las epopeyas, en los mitos. Las Escrituras, ¿qué son sino esta interminable odisea?

¡No los olvidemos!
El nombre de Ina May Gaskin está asociado a “The Farm” y también al concepto de partera auténtica. Por su modo de vida, sus acciones y sus enseñanzas Ina May ha transmitido a sus contemporáneos mensajes de gran envergadura. Es fácil resumir sus mensajes: la humanidad no puede sobrevivir sin redescubrir las leyes de la naturaleza; la primera etapa debería ser reconsiderar el modo en que nacen los bebés, lo cual significa el resurgimiento de la verdadera partera; otra etapa –si pensamos en las generaciones por nacer- es dejar de destruir los suelos con métodos agresivos.
En 1971, trescientos veinte hippies de San Francisco se fueron de la costa oeste de Estados Unidos. Su misión era inventar otro modo de vida. Atravesaron el país formando una caravana de buses escolares. Su “slogan” era “partamos de aquí para salvar el mundo”. Finalmente, crearon una comunidad llamada “The Farm” en el condado más pobre de Tenesse, cerca de Summertown. Durante el viaje, nacieron 12 bebés en la comunidad. Fue así como Ina May y otras mujeres del grupo se convirtieron en parteras. Cuando la comunidad se asentó, los miembros del grupo desarrollaron progresivamente todo lo que hace la vida de un pueblo: almacén, escuela, sistema de aprovisionamiento de agua, farmacia, correo, cementerio, oficinas, residencias y lugares de nacimiento. Ina May y otras madres del pueblo aprendieron el oficio de parteras debido a la necesidad y con la ayuda de un médico local benevolente.
El final de los años 70’ –la edad de oro de “The Farm”- dos docenas de bebés nacían cada mes en la comunidad. Las parteras habían adquirido tal experiencia que en 1977 que en 1977 Ina May estaba en condiciones de publicar su libro histórico “Spiritual Midwifery”, un hecho remarcable en la historia del nacimientos. Este libro representa un símbolo del resurgimiento de las parteras en estados Unidos y aún en Europa. Conozco muchas parteras europeas con mucha influencia que visitaron “The Farm” después de haber leído el libro.
Al mismo tiempo, los fundadores de “The Farm”, incluido Stephen, el marido de Ina May, experimentaron el cultivo orgánico. Juntaban todos los desechos orgánicos de las cocinas, establos, aserraderos, almacenes, etc. y los transportaban a una especie de central para el compost. El compost era dado vuelta por los caballos y luego desparramado en los campos. Alrededor de 150 hectáreas se recuperaron gracias a una agricultura orgánica muy productiva. A las huertas y viñedos, se agregaron campos de frambuesas, frutillas y moras. En el vivero crecían una gran cantidad de árboles frutales y de árboles que proveían madera más o menos dura. Los trabajos con la tierra y drenaje permitieron controlar la erosión de los suelos. Las colmenas garantizaban la polinización de los campos, los viveros y las huertas. Los policultivos, la rotación de los cultivos, el desyuyado a mano, los insectos beneficiosos, las serpientes, los lagartos y las tortugas jugaban el rol de pesticidas naturales. La experiencia adquirida de este modo permitió la publicación de “The Farm Book Company”, un libro sobre pesticidas naturales.
Las advertencias emitidas por Ina May Gaskin y los otros “ecociudadanos” de “The Farm” son tanto más elocuentes porque están basados en la experiencia práctica. No son críticas puramente negativas de la industrialización del “farming”, del la industrialización del nacimiento y de otros aspectos del modo de vida moderno dominante.

¡No los Olvidemos!
Wilheim Reich forma también parte de la categoría de genios lúcidos del siglo XX. Su campo principal era la naturaleza de la “energía vital”. Esto implicaba su interés por todos los aspectos de la vida. Reich era uno de esos hombres extraordinariamente capaces de tomar distancia de su propio medio cultural y examinarlo con ojos inocentes. Desde la primera mitad del siglo XX hizo preguntas que son cruciales en nuestra época. Se preguntaba por qué los hombres son incapaces de darse cuenta que forman parte de la naturaleza, y que deberían obedecer su leyes y cooperar con ellas. Estudió el proceso de desertificación y llegó a la conclusión de que es el desierto en el hombre el que crea el desierto en la naturaleza, haciendo referencia a la extraordinaria capacidad que tienen los humanos en no dudar en destruir la vida. Comprendió que el daño que les producimos a los recién nacidos proviene de ese “desierto emocional” tan expandido. “Concentrémosnos en los niños”. No tenía indulgencia para con sus contemporáneos. “Los niños del futuro” deberán reparar el desorden del siglo XX. Para Whilheim Reich la civilización comenzará el día en que el bienestar de los recién nacidos esté por encima de toda otra consideración.

Michel Odent 

“El Granjero y el Obstetra”. Editorial Creavida (2002).