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¿EL FINAL DEL ASESINATO DE CRISTO?

Michel Odent  

            Asesinato de Cristo… Coraza… Peste emocional… Toda una serie de metáforas antiguas que datan de varios decenios. Los iniciados, cada vez más numerosos, captan su verdadero sentido y sus innumerables implicaciones. La obra de Reich es hoy día una evidencia, un hecho reconocido. Los caminos que nos llevan hasta su obra son múltiples. Mi punto de vista, mi aproximación, tuvo puntos de partida diversos, o al menos dobles: por una parte me sentí interesado por el fulgurante resurgir de la Neurofisiología y de la Neuroendocrinología, y por la otra, mi actividad profesional en una maternidad bastante diferente de lo que son en la actualidad los “servicios obstétricos convencionales”.

            Nunca los conceptos reichianos ha sido tan fáciles de emparentar con los conceptos de la Neurofisiología Moderna. Nunca ha sido tan fácil traducir a Reich al lenguaje científico y nunca las conclusiones, así como las afirmaciones reichianas, han sido tan  adaptables a la comprensión de la crisis latente que existe  durante un tiempo considerable en obstetricia, y que entra hoy en una fase grave.

            La Neurofisiología actual está dominada por la concepción de una fisiología cerebral disociada.  Parece decirnos que el cerebro humano es el resultado de la suma de un cerebro primitivo “filogenéticamente” antiguo y de un cerebro reciente. Así cada cerebro tiene sus funciones propias, su memoria y su propia química. Esquemáticamente, podríamos asimilar el cerebro antiguo al sistema “hipotálamo-límbico”, siendo éste el que nos permite vivir y sobrevivir. Parece que es también el soporte del impulso religioso en la medida que se le atribuye el origen de la necesidad de absoluto, el sentido de lo infinito, la necesidad de pertenecer a lo universal. Así pues, el saber de este cerebro, filogenéticamente antiguo, tiene un carácter de universalidad.  Por el contrario el saber del cerebro filogenéticamente reciente, del “cerebro superior”, tiene por origen los datos aportados por los órganos de los sentidos. Este cerebro nuevo, nos informa de nuestra pertenencia a un mundo espacio-temporal; es él también, quien nos informa acerca de la noción de los límites, tanto en el espacio como en el tiempo (nacimiento, muerte,…).  En su forma más elaborada, su saber es sinónimo de saber científico.  El saber de este cerebro es siempre fluctuante: no tiene ningún carácter de universalidad; es variable en el tiempo, en su modalidad histórica, tanto individual como colectiva; está en función del lugar y del medio cultural. Aparece en primer lugar como un súper ordenador, capaz de recibir gran masa de información y poder tratarla posteriormente. Está a priori, al servicio del cerebro que mantiene la dinámica de la supervivencia.

            Gracias al desarrollo del necortex los grupos de Homo Sapiens pudieron organizarse para poder sobrevivir. Sin embargo en las civilizaciones predominantes desde la Era “histórica”, cuando aparece el “Homo economicus“, el neocórtex resurge cada vez más como un órgano de control, de especialización, -incluso- de represión, hacia las estructuras más primitivas.  La especie humana está amenazada de “hipertelia” (3) al dar la impresión, que utiliza y desarrolla el cerebro que la caracteriza de manera disarmónica.

       El “Asesinato de Cristo”, según el título de la obra de Reich, es la represión permanente, es la pérdida del cerebro soporte de la necesidad de vivir y del sentido religioso. El “Asesinato de Cristo”, es el asesinato infringido cada día a la vida, sin importar la forma en que se manifiesta. También el “Asesinato de Cristo” es la masacre de los recién nacidos, la represión de la sexualidad genital, la canalización y la alienación del sentido religioso por las iglesias-instituciones, y de forma general, es también la destrucción de todas las formas de vida;  hace del hombre un agente de “desertificación”.

            Es el individuo acorazado quien comete el “Asesinato de Cristo”, porque la “coraza carácterial” tiene al individuo prisionero, aislándolo de sus grandes posibilidades bioenergéticos; encarcelándolo, por lo tanto. La “coraza” expresa una deformación emocional.  Ella se “opone al orgasmo”. La “coraza” va emparejada con una hipertensión muscular crónica que traduce “la inhibición de toda clase de excitación ya sea placentera, angustiosa o de odio”.

            Estamos obligados, a la hora de citar la “coraza” de Reich, a pensar en el concepto “inhibición de la acción”, término estudiado y divulgado por Henri Laborit, porque este concepto es uno de los elementos que nos permiten la comprensión del origen de las llamadas enfermedades de la civilización; pues todas son, a fin de cuentas, perturbaciones del sistema hipotálamo-límbico.  Es decir, de ese cerebro primitivo que regula las emociones y que es el soporte de los diferentes aspectos individuales y colectivos, propios de la dinámica vital.

            Así como el comportamiento busca renovar su acción gratificante poniendo en marcha su “medial forebrain bundle” (o haz de recompensa), tenemos también que cuando se produce el comportamiento de “lucha o de huida” ante una agresión, el sistema, que en este caso, se pone en marcha es el “periventricular system”.  En esta medida “la inhibición de la acción” es un esquema comportamental de base: es la representación de lo que pasa cuando ante una agresión es imposible responder ni por la lucha ni por la huida. Es por lo tanto, un comportamiento de sumisión. El sistema inhibidor de la acción, que es esencialmente colinérgico y serotoninérgico, pone en juego toda una serie de estructuras propias del sistema hipotálamo-límbico. Tanto su individualización como las respuestas neuro-hormonales que lo caracterizan tienen una amplia base experimental pues han sido analizadas detalladamente por el mismo Laborit (4).

            El sistema inhibidor de la acción, libera el “corticotrophin releasing factor”, es decir, que su acción motiva una secreción de “A.C.T.H.” y de “cortisol”; comanda la secreción de cortisol suprarrenal y estimula, a la vez, el “sistema inhibidor de la acción”.  Con lo que entra en juego un círculo vicioso, siendo roto solamente por la aparición de una acción “gratificante”. Este círculo vicioso es el prototipo del origen de la angustia. Las teorías sobre la angustia elaboradas por Gray, de la Universidad de Oxford, no están en contradicción con el punto de vista de Laborit. Al contrario, lo completan. Cuando Gray habla de “behavioural inhibition system” está pensando en lo que pasa a nivel de las sinapsis límbicas que utilizan como neuromediador el “G.A.B.A.”. El stress impide la transmisión nerviosa en las sinapsis, cosa que está en paralelo con la inhibición de la acción.

            Los incidentes propios de la puesta en juego del sistema “Inhibición de la acción” son fáciles de prever cuando se conocen los efectos de la secreción del cortisol y de la noradrenalina. El cortisol deprime el sistema inmunitario y tiende a destruir el timo, que juega un papel importante en la maduración de los linfocitos, capaces de mantener a una tasa muy baja los auto-anticuerpos dirigido contra los propios constituyentes del organismo. El cortisol se opone a la síntesis proteica. Suprime también el “sueño paradójico”. Favorece el retenimiento de agua y de sal, aumenta la masa sanguínea, mientras que la noradrenalina eleva el tono muscular.

            Vemos pues que los efectos de la puesta en juego del “sistema inhibidor de la acción” concierne al conjunto de la economía neuroendocrina. Las implicaciones de éste término le han parecido múltiples a Laborit, en una sociedad en donde las situaciones altamente patógenas son frecuentes.  Sin embargo, en sus trabajos, Laborit no ha tenido en cuenta al recién nacido, al niño.  Es sin lugar a dudas, en la edad en donde se regula el “hormostato” hipotálamo-límbico, cuando estas situaciones comportamentales son las más patógenas.  Así tenemos, que un número enorme de recién nacidos están en situación crónica de inhibición de la acción.  El recién nacido se da cuenta que sus gritos y sus llantos no sirven para nada, está en situación de sumisión total. Todos sabemos cuál es la necesidad fundamental que tiene el recién nacido de cuidados primordiales, está en una situación de “inhibición de la acción”. El recién nacido, además de necesitar contactos cutáneos, estimulaciones de su sistema vestibular por la acción de su mecer, estimulaciones auditivas significantes, referencias olfativas, leche, calor, succión, tiene necesidad también de saber que sus pedidos serán atendidos. El recién nacido, al que se le pincha; el recién nacido, al que se le estira la columna vertebral sin tener ninguna posibilidad de huir ni de luchar, está en una situación de “inhibición de la acción”.

            Tanto en el Oeste como, y más aún, en el Este, la gran mayoría de los seres humanos pasan sus primeros días, las primeras semanas, los primeros meses, en situaciones prolongadas de “inhibición de la acción”. Tanto nuestras madres como nuestras abuelas, nos han enseñado a no favorecer las “malas costumbres” en los bebés; es decir, a no responder a sus necesidades fundamentales, o sea, a dejarles en una situación de “inhibición de la acción”. ¿Cuáles son a largo plazo las consecuencias propias de la “inhibición de la acción”? No son otras que las desregulaciones hipotálamo-límbicas denominadas “enfermedades de la civilización”.  En el cuadro de las enfermedades de la civilización incluimos también, tanto las diferentes formas de depresión (los depresivos tiene una tasa elevada de cortisol en la sangre), las disfunciones sexuales, de las cuales forman parte los partos difíciles, las hipertensiones arteriales, las úlceras gastroduodenales, las agresiones de angustia y de irritabilidad, las enfermedades auto-inmunes cuya frecuencia y polimorfismo se concretizan de más en más (rectolitis femorrágica, hipertiroidismo, ciertas diabetes, miastenia, etc.), las depresiones o los desarreglos inmunitarios que juegan un papel fundamental en la génesis de las enfermedades infecciosas, así como el cáncer.  Reich ya había establecido la relación existente entre el trato que recibe el recién nacido y el desarrollo del cáncer. En la SUPERPOSICION COSMICA escribía: “si tenía alguna utilidad el impedir que los enfermos de cáncer muriesen cuando a miles de millones de niños se les mata emocionalmente”.  Yo, en lo personal,  seguí ese itinerario, dejando poco a poco, mi trabajo de cirujano, para consagrarme cada vez más al Nacimiento.

            ¿Cómo poder prevenir estas situaciones altamente patógenas tan frecuentes en los recién nacidos, particularmente, en los recién nacidos en esta sociedad industrial?  Antes que nada tomando en consideración las necesidades básicas y fundamentales del recién nacido.  Las necesidades de leche y de calor nos son conocidas. Pero, por el contrario, las necesidades de estimulación sensorial, nos son desconocidas o subestimadas. Sin embargo, el recién nacido necesita estimulaciones sensoriales.  Una estimulación sensorial es una aportación de energía al cerebro. En este punto de vista entramos ya en contacto con la obra de Reich y en su concepción de una energía universal, siendo la “bioenergía” un aspecto.  La neurofisiología moderna se acomoda fácilmente a la visión reichiana.  Hoy, ya es una evidencia que el ser vivo capta y transforma constantemente, parte de la energía cósmica.  Así, por ejemplo, cuando una retina percibe un rayo de luz, la energía luminosa se transforma en energía electrónica a nivel del nervio óptico, después en energía química a nivel de las sinapsis entre dos células nerviosas, de manera tal que una estimulación sensorial es un aporte de energía al cerebro.

            En realidad, la única manera de responder a la extrema variedad de necesidades fundamentales que tiene el recién nacido es la de no separar la madre de su bebé; la cohabitación es siempre posible en los primeros días de vida. Cuanto más frágil es un bebé, más los riesgos de enfermedad son evidentes, por lo tanto, mayor es la necesidad que tienen de estar en los brazos de su madre.  Por ello mi práctica me lleva a aconsejar que los recién nacidos, e incluso los prematuros, estén permanentemente con la madre.  De hecho, no hay ninguna imposibilidad en poner una incubadora en la habitación de la madre.  Porque sólo la madre que está al lado de su hijo permanentemente, al lado del recién nacido, sabe interpretar sus necesidades. Solamente la cohabitación permite el intercambio de señales entre la madre y el niño, así como permite también la lactancia siempre que el bebé la pida.

            La respuesta de la madre a las necesidades del recién nacido será más correcta cuando se sabe respetar ciertos períodos sensibles, particularmente, los momentos que siguen al nacimiento, no perturbando la relación madre-hijo. La noción de período sensible, de “apego”, ha sido bien estudiada por los ecologistas, y también hoy es accesible a la visión neuro-endocrinológica. En la maternidad en donde trabajo (5) es frecuente encontrar a la madre sentada en el suelo en los momentos que siguen al parto, con el niño en su regazo, apegado completamente contra su pecho, porque el parto acontece en  una posición que conlleva el máximo respeto al período sensible, verdaderamente determinante.  Ahora, comprendemos mejor el que la madre y el niño estén en un período hormonal todavía crítico, porque parece ser que tanto el uno como el otro están fuertemente impregnados de “endocrinas”; es decir, de opiáceos encógenos.  Estas hormonas tienen un rol preponderante en las conductas afectuosas, en las conductas de asistencia atenta, así como en la inducción de hábitos.  

Parece ser que también este sistema de las “endorfinas” juega su papel, importante en el proceso del “apego”.  En el momento del parto, la posición de la madre no es indiferente, porque cuando el pecho está en posición vertical, el contacto piel a piel, el cruce de miradas, todo tipo de intercambio de señales llegan al máximo de su riqueza. El pecho de la madre en posición vertical facilita la lactancia en el momento mismo en que se produce en el bebé el “reflejo de succión”.  El “reflejo de succión” es un comportamiento complejo e instintivo que le permite al bebé encontrar y chupar el pecho de su madre, alrededor de media hora después del nacimiento.

            Lo que acontece en la hora que sigue al nacimiento está en correlación estrecha con las condiciones mismas del parto.  Lo ideal es no impedir en la mujer que va a dar a luz, el mejor uso posible de todas sus posibilidades, es decir, de sus propias hormonas.  El parto espontáneo necesita un equilibrio hormonal específico, equilibrio de gran complejidad que supone una reducción de las secreciones de adrenalina; la adrenalina es la hormona que segrega el organismo cuando tiene frío o cuando no está seguro.  Y supone, también, una secreción elevada de oxitocina post-hipofisiaria y de morfinas endógenas, o sea, de “endorfinas”. Tanto la oxitocina, como las endocrinas, están implicadas en todos los episodios paroxísticos de la vida sexual, en el hombre y en la mujer.  Con ello queremos decir que la vida sexual es un todo, porque conlleva la vida emocional y la vida afectiva, de tal manera que cuando se perturba un elemento interfiere todo el conjunto.

Conseguir ese equilibrio hormonal específico es conseguir un estado de conciencia particular que corresponde a una reducción del control neo-cortical y una activación del cerebro primitivo, del cerebro hipotálamo-límbico.  Muchos factores facilitan ya en las primeras fases del parto este cambio de nivel de conciencia, que va en paralelo con el equilibrio hormonal específico.  Por ejemplo:

            – La penumbra y de manera general la reducción sensible de todas las estimulaciones;  necesidad, por lo tanto, de un importante silencio.

            – Libertad completa de postura. Las mujeres en general encuentran una posición espontánea, ya sea a cuatro patas, ya sean posturas más o menos asimétricas.

            – Eliminación de todas aquellas personas que se dedican solamente a observar, de todas aquellas que podrían tener un rol negativo.

            – Contacto “primitivo” con una mujer, lo suficientemente íntimo, como experimentada y atenta.  La partera, como mujer que es, tiene con frecuencia el rol más positivo, ya que puede jugar el papel substitutivo de la madre; podría hacerlo también la pareja sexual. No se puede hacer abstracción del sexo de las personas presentes en el parto, porque es un acto inscrito en la vida sexual.

            – Así como la mujer que va a dar a luz necesita un contacto habitual con el suelo, con la tierra, también otro elemento natural: el agua, tiene el efecto misterioso de levantar un sinfín de inhibiciones, ya sea por la ducha, por la vista del agua, o por la inmersión en la piscina.  Aprovechamos la ocasión para evocar la obra de Ferenzi (6), así como la de Reich.

            De este modo, nuestro primer objetivo es el esfuerzo de conocer mejor, para no perturbar, la fisiología del parto.  Facilitándolo al mismo tiempo, facilitar -en gran medida- las primeras relaciones de la madre con su hijo.

            De hecho nuestra posición se sitúa dentro de una amplia perspectiva de la génesis de la salud, porque estamos, en otros términos, por la prevención de las múltiples enfermedades de la civilización. En lenguaje reichiano, esto quiere decir que nos oponemos a la constitución de la coraza. ¿Por qué precisamente los profesionales que trabajan en los lugares donde se da a luz son cómplices habituales de la constitución de la coraza? Simplemente, porque están acorazados como lo están los hombres y las mujeres de nuestra sociedad.  Estamos en pleno círculo vicioso.  El carácter acorazado es contagioso. El hombre acorazado busca siempre eliminar la madre. La historia del obstetra ES TAMBIEN LAS DIFERENTES FORMAS DE ELIMINAR LA MADRE.  Cuando el médico hombre, penetrando en los dormitorios en donde se paría en el siglo XVII, impuso la posición acostada, para poner de mejor manera en relevancia sus fórceps, eliminó en cierto modo  a la madre.

           Cuando los médicos, en un pasado lucharon para conquistar y guardar el monopolio de la educación de las parteras, como mujeres podrían aportar una figura materna, y aportar al flujo de lo instintivo.  Hoy en día, es relevante que los hombres puedan acceder a la escuela de parteras (…).  La psicoprofilaxis “convencional” representa una de las formas más sutiles de eliminar la madre, en la medida que quiere ser -por intermedio del lenguaje- un control del grito, de la respiración, del dolor, de la postura; es decir, un control del cerebro soporte de los comportamientos maternos más primitivos.

            El “Fenómeno Leboyer” como aportación nueva por las primeras experiencias del recién nacido nos parecen un paso inmenso en la dirección del “Final del Asesinato de Cristo”. Pero en la medida que el nacimiento “sin violencia” ha sido interpretado por el individuo acorazado, no como el título de una obra de arte, sino simplemente como “el método Leboyer”, la acogida del recién nacido por el padre o por otro profesional puede parecer de nuevo como una forma diferente de eliminar a la madre.  La facilidad con que los médicos imponen reposo durante el embarazo, bloquea el cuello y paraliza el músculo uterino con drogas, merecen todos ellos el mismo tipo de interpretación; de la misma manera, podríamos hablar de la facilidad con que ellos ordenan para la lactancia leche de fórmula, al más mínimo problema.  Podríamos multiplicar esta clase de ejemplos.

            El círculo vicioso no puede romperse más que por la toma de conciencia, que debe inducir a la puesta en tela de juicio radical de las condiciones habituales del nacimiento.

            La “coraza” de Reich, los efectos de la “inhibición de la acción” de Laborit, son muy difíciles de destruir porque son fenómenos colectivos, culturales. Reich y Laborit saben bien que en la especie humana todo pasa por la dimensión cultural.  Un bebé nacido por vía cesariana, puede que sea menos acorazado que otro, si pertenece a un medio cultural susceptible de compensar rápidamente ciertas frustraciones.

            En la escala colectiva, la coraza de Reich se llama peste emocional. La peste emocional tiende a destruir todo aquello que vive. “La génesis del hombre ecológico” supone en primer lugar la eliminación de la peste emocional. Todos aquellos como el Cristo, Rousseau, como Reich y tantos otros, que intentaron canalizar la atención de los humanos hacia las cosas esenciales, hacia las cuestiones vitales, buscaban atacar la peste emocional.  La peste emocional tiene un medio de expresión privilegiado: el rumor.

            La obra inmensa de Reich, desemboca en una conclusión luminosa: “La civilización comenzará el día en que la preocupación por el bienestar de los recién nacidos prevalecerá sobre todas las demás”.

MICHEL ODENT

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(1) Artículo aparecido en la revista francesa L’ARC, nº 83. Traducido por Jerónimo Bellido.

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NOTA DEL TRADUCTOR.

(3) Desarrollo desmesurado del telencéfalo.

NOTA DEL TRADUCTOR.

(4) A fin de completar estos términos, remito al lector a los trabajos de Laborit, en especial “La nouvele grille”, “Eloge de la fuite”, y más recientemente “L’inhibition de l’action”. Masson 1980.

NOTA DEL TRADUCTOR.

(5) Se trata de la maternidad de Pithiviers, situada a unos 25 Km al Oeste de París. M. Odent, es el autor del libro “GENESIS DEL HOMBRE ECOLOGICO”, Edit. Ricou (Hacer). Barcelona 1981.

NOTA DEL TRADUCTOR.

(6) El autor hace referencia al artículo de Ferenzi “THALASA. ENSAYO SOBRE LA TEORIA DE LA GENITALIDAD”. Obras Completas. Tomo 3. Edc. Espasa-Calpe. Madrid 1981.

No Hay Cambio de Paradigma Sin un Cambio en el Lenguaje

En repetidas ocasiones he usado el término “cesárea con trabajo de parto, no de urgencia”.  Este es un ejemplo del advenimiento de un nuevo vocabulario adaptado al cambio de paradigma que el poder de las ciencias biológicas modernas hace imaginable.  Un cambio de paradigma como este también implicaría que algunos términos se transformen en inútiles.

HACIA UN NUEVO VOLCABULARIO

“Reflejo de eyección del feto” es otro ejemplo típico de una frase que podría ser fácilmente comprendida y más comúnmente usada, si el cambio de paradigma ocurriera. Este término fue acuñado por Nils Newton en los años 60’ cuando él estaba estudiando los factores ambientales que pueden perturbar el proceso del parto en las ratas.  Veinte años después, con su apoyo, yo sugerí que salváramos  este concepto del olvido; estaba convencido que podía ser una llave para facilitar una nueva comprensión radical del proceso humano del parto.

            La diferencia básica entre los humanos y las ratas es que hemos desarrollado un enorme y poderoso neocortex que cubre la mayoría de las estructuras arcaicas.  Cuando nuestro neocortex está descansando tenemos más similitudes fisiológicas con las ratas.

            Un auténtico reflejo de eyección es posible en las humanas. Ocurre cuando el bebé nace después de una corta serie de contracciones poderosas e irresistibles que no dejan lugar para movimientos voluntarios. En estas circunstancias, es obvio que el neocórtex está descansando y ya no en control de las estructuras arcaicas a cargo de funciones vitales como es dar a luz.  Este es el caso, como ya hemos visto, cuando mujeres civilizadas actúan de una manera que usualmente sería inaceptable, atreviéndose a gritar, a decir palabrotas o a ser maleducadas, por ejemplo. Ellas parecieran salirse de nuestro mundo.  Pueden hablar cosas sin sentido.  Durante un verdadero reflejo de eyección, las mujeres se pueden encontrar en las más inesperadas y bizarras posiciones, a menudo posturas mamíferas cuadrúpedas.  Ellas parecieran estar “en otro planeta”.  Pueden estar en un estado extático. En situaciones típicas, pareciera ser que el verdadero clímax se alcanza cuando la madre, todavía en otro planeta, está descubriendo a su bebé recién nacido.  Una madre me contó que cuando ella tuvo por primera vez contacto visual con su bebé, ella “vio todo el universo” en los ojos de su niño.

            Es fácil explicar porqué el concepto de reflejo de eyección del feto no ha sido comprendido después de miles de años de sociabilización del nacimiento.  Es precisamente cuando el nacimiento parece inminente que las personas atendiendo el parto tienen mayor tendencia a ser más intrusivos.  El reflejo de eyección puede ser precedido por una repentina y explosiva expresión de miedo, con una frecuente referencia a la muerte.  La mujer puede decir “¿Voy a morir?”, “Mátame” o “Déjame morir”… En lugar de mantener un bajo perfil, la persona atendiendo el parto –con las mejores intenciones- usualmente interfiere, al menos con palabras tranquilizadoras. Estas palabras racionales pueden interrumpir el proceso hacia un reflejo de eyección del feto. El reflejo no funciona si hay alguien que actúa como un coach, o un observador, o un ayudante, o una guía, o una “persona de apoyo”.  Es excepcionalmente raro si el padre del bebé participa del parto.  El reflejo de eyección del feto puede ser inhibido por tactos vaginales, miradas directas o la imposición de un cambio de entorno, como ocurriría si la madre es trasladada a la sala de parto.  Se inhibe cuando el intelecto de la mujer en trabajo de parto es estimulado por cualquier tipo de lenguaje racional, por ejemplo si la persona atendiendo el parto dice: “Ahora, estás en dilatación completa.  Es hora de pujar”.  En otras palabras, cualquier interferencia tiende a traer a la mujer de parto de vuelta a la tierra., y tiende a transformar el reflejo de eyección del feto en una segunda etapa del trabajo de parto que involucra movimientos voluntarios.

            La creencia tan enraizada de que la presencia de una persona que atienda el parto es una necesidad básica de las mujeres en trabajo de parto y de los bebés recién nacidos es otra razón porqué el clímax del parto no puede ser comprendido.  En nuestras sociedades, los partos sin asistencia ocurren ocasionalmente y por accidente.  Esto es más común en el caso de los partos rápidos.  O la partera no llegó a tiempo o la madre no alcanzó a llegar al hospital.  Porque estos partos son fáciles, ustedes pueden pensar que podría ser una oportunidad para algunas mujeres para alcanzar un verdadero clímax .  Éste no es el caso, la mayoría de las veces, por el condicionamiento cultural de que la mujer es incapaz de parir por sí misma. Por ejemplo, si el marido/pareja está cerca, él está frecuentemente en un estado de pánico, preguntándose qué debe hacer, quién debiera “recibir al bebé” y quién cortará el cordón.

            Antes del posible cambio de paradigma, aquellos que comprenden el reflejo de eyección del feto se dan cuenta cuán inútil es el intercambiar  puntos de vista con otros en asuntos tales como bebés en podálica, posición posterior de la cabeza del bebé, distocia de hombros, parálisis braquial o desgarros perineales.  Todos los estudios científicos publicados en la literatura médica sobre las mejores maneras de “manejar” situaciones obstétricas particulares o particulares fases o etapas del trabajo de parto se llevan a cabo en ambientes donde el reflejo de eyección es ignorado e inhibido .  Cuando el proceso del parto es “manejado”, el reflejo de eyección no ocurre.

            Después de un posible cambio de paradigma, el arte de la partería debería ser el arte de crear las condiciones para el reflejo de eyección del feto.

Michel Odent

Fragmento del libro “Childbirth and the Future of Homo Sapiens”

Traducción: Macarena Mardones 

El Futuro del Entusiasmo

Si “el Entusiasmo mueve el mundo”, como el filósofo político Arthur Balfour ha afirmado, el futuro del Homo Sapiens y el futuro del entusiasmo son partes de la misma pregunta.

            El entusiasmo no está incluido por los científicos en las listas convencionales de estado emocionales y rasgos emocionales.  Como lo sugiere la raíz de la palabra, una persona entusiasta es alguien que está inspirado por las divinidades.  Sócrates enseñaba que la inspiración de los poetas es una forma de entusiasmo. Entusiasmo es una manera  de trascender la realidad cotidiana objetiva.  Se puede presentar como una variante de estados emocionales trascendentes,  cuya forma final da acceso a una realidad fuera del tiempo y del espacio.  El cerebro frontal asociativo (neocortex) sólo nos da acceso a la realidad espacio temporal. Por lo tanto, cuando accedemos otras realidades es a través de estados emocionales. Como el rol de la religiones es canalizar los estados emocionales trascendentes universales,  no es de extrañar que siempre hayan habido fuertes lazos entre el concepto de entusiasmo y el concepto de religión.  Por ejemplo,  “Los Entusiastas”  era el nombre de una secta religiosa siria en el siglo IV;  sectas protestantes del siglo XVI y XVII también eran llamadas “entusiastas”.

            Teniendo en mente que la, rutinariamente perturbada, transición entre la vida intra-uterina y la vida extra-uterina ocurre durante un período crucial para el desarrollo del cerebro emocional, no podemos evitar plantearnos preguntas sobre el futuro, a nivel cultural, de los estados trascendentes en general.  Estas preguntas van mucho más allá del futuro de las instituciones religiosas, son  -ante todo- sobre el origen de la inspiración y, por lo tanto, de la creatividad científica y artística.  Así como el entusiasmo y los estados emocionales trascendentes,  la inspiración no es estudiada frecuentemente por la psicología. La misteriosa explosión de creatividad llamada inspiración siempre ha sido considerada una chispa divina.  En Grecia, las Musas eran las diosas de la inspiración en literatura, ciencia y las artes.

            ¿Cuál es el futuro de los estados emocionales trascendentales? ¿Cuál es el futuro del hiper cerebral Homo sapiens deprivado del entusiasmo y la inspiración?.

Fragmento del Libro “Childbirth and the Future of Homo Sapiens”

Michel Odent

Traducción: macarena Mardones

CEGUERA CULTURAL

 Imagina que estás sentado(a) en un salón de conferencias durante una charla abierta al público. El tema es el nacimiento. Te preguntas quienes son los otros participantes. Claramente hay muchas mujeres embarazadas y parteras y ,quizás, también algunos doctores. Obviamente, los participantes tienen un interés directo e inmediato en el nacimiento. Ya sea por razones profesionales o por razones personales.  De la interacción entre el conferenciante y el público, parece ser que este evento está dominado por consideraciones de corto plazo. No se percibe como una discusión sobre el futuro de la humanidad.

            Hay una falta de interés universal sobre las consecuencias a largo plazo de cómo nacen los bebés.  En el contexto científico actual, esto se puede presentar como una suerte de ceguera cultural.  Es como si hubieran fuerzas culturales que nos están empujando a ignorar lo esencial.

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APRENDIENDO DE LOS BIÓGRAFOS

            Otra manera de evaluar la ceguera cultural es mirar a las biografías de pioneros muy influyentes y bien conocidos en algunas ciencias humanas o en medicina.  Algunos de ellos se han interesado en la manera en que nacen los bebés, y en muchos casos, esa fue la parte de su trabajo que fue ignorada por sus contemporáneos y, por lo tanto, no ha sido transmitida a las futuras generaciones. El trabajo de María Montessori es un típico ejemplo.  Es posible leer la más detallada de sus numerosas biografías en una gran variedad de idiomas, sin encontrar una mínima pista de la importancia que ella le asignaba a la manera en que los bebés nacen.  Este es el principio del capítulo “El niño recién nacido” en su libro titulado “El Secreto de la Niñez” (que es una adaptación al inglés del libro publicado originalmente en francés en 1930).

            “Al nacer el niño no entra en un entorno natural, sino más bien en uno que ha sido extensamente modificado por los hombres.  Es un ambiente que ha sido construido a expensas de la naturaleza, por los hombres… En ningún otro momento de su vida el hombre experimenta un conflicto y lucha tal, con el consecuente sufrimiento, como en el momento del nacimiento. Este es un período que ciertamente merece ser estudiado, pero hasta ahora ningún estudio así de ha hecho…”

            Podríamos hacer comentarios similares sobre las biografías de Raymond Dextreit, quien después de la segunda guerra mundial, fue un autor influyente de la “Medicina Natural”.  Escribiendo en el Journal francés de Bionaturismo en 1954, Drextreit comentaba sobre el nacimiento:

       “Todos los cuidados prodigados al  bebé del momento en que aparece sólo sirven para sacarlo de equilibrio en su punto de partida.  Cuando el bebé llega hay un schock esperando por él, más bien una serie de schocks.  Después de varios meses en la calma,  el silencio, la oscuridad y la confortable suavidad del vientre de la madre, el bebé repentina y abruptamente  se hace consciente del ruido y la luz, en una temperatura ambiente mucho más baja de la que ha conocido por meses. Y como si esta acometida de schocks no fuera suficiente, es luego expuesto al tratamiento particularmente brutal que es el corte temprano del cordón. En lugar de pensar en precauciones vitales, nos concentramos en microbios. En lugar de proteger y desarrollar todas las maravillosas inmunidades naturales, matamos todos los microbios… Por el momento, no iremos más lejos, esperando quizás presuntuosamente que hemos llevado la atención del lector a un aspecto del problema humano que los hombres de ciencia creen que han resuelto.”

          Drextreit estuvo en lo correcto al introducir la palabra “presuntuosamente”.

          De la misma manera que a pioneros individuales se les ha ignorado parte significante de su trabajo, el trabajo relativo al nacimiento de grupos médicos o de investigación científica ha sido pasado por alto.   La Sociedad Psicoanalítica de Viena ofrece un típico ejemplo.  Freud consideraba a Otto Rank, que trabajada muy cerca suyo por 20 años, el más brillante de sus discípulos vieneses.  El punto de inflexión fue en 1924, cuando Rank se atrevió a publicar Das Trauma der Geburt (El Trauma del Nacimiento), explorando como el arte, el mito, la religión, la filosofía y la terapia eran iluminados por el período de transición entre la vida intra-uterina y la vida extra-uterina.  Otto Rank había puesto su dedo en la fundación de nuestra civilización.

LAS FUNCIONES VITALES DE LA LOCURA

          Como la ceguera a propósito de la investigación científica sobre el nacimiento es cultural, debemos apoyarnos en maneras contraculturales de pensar y de ser para anunciar una nueva era con estrategias renovadas para la sobrevivencia.  Esto es sin lugar a dudas muy difícil porque los seres humanos están dotados con tendencias gregarias.  Como la mayoría de los primates necesitamos vivir en grupos.  Gracias a nuestra capacidad para comunicarnos de maneras sofisticadas, particularmente a través del lenguaje, creamos medios culturales.  Los medios culturales prescriben y proscriben comportamientos; dictan lo que la gente debe y no debe hacer según sus contextos y circunstancias sociales.  Las normas se establecen con al menos cierto grado de consenso,  que se imponen a través de sanciones sociales.

          Porque los comportamientos antisociales son contrarios a los estándares de nuestras sociedades, fácilmente son considerados patológicos o moralmente inaceptables.  En un contexto tal, es difícil aceptar que podemos tomar ventaja de ciertas desviaciones.  Dentro de estas desviaciones debemos mencionar a los excéntricos y a los genios.  La mayoría delos genios legendarios más altamente creativos, tenían personalidades inusualmente excéntricas y manifestaban muchos rasgos esquizoides.  Isaac Newton vivió la mayor parte de su vida solo. Albert Einstein no se aseaba y poseía deficiencias interpersonales bien documentadas. Bertrand Russell era un niño distante, solitario y de alguna manera inseguro, lo cual lo llevó a una vida inestable como adulto.

La relación entre “genio” y “locura” ha sido extensamente estudiada desde el siglo XIX, después de que Cesare Lumbroso, un psiquiatra italiano, publicara su libro “L’Uomo di Genio” en 1869. Los rasgos de personalidad de los genios se pueden simplemente omitir como detalles sin importancia, pero de hecho muchas veces sus historias familiares muestran fuertes conexiones entre genialidad y esquizofrenia.  Muchos estudios, como uno llevado a cabo en Islandia, plantea que los familiares de personas creativas sufren una tasa mayor de esquizofrenia. Es notable que la hija de James Joyce era esquizofrénica y el pedigree familiar de Bertrand Russell estaba cargado con personas esquizofrénicas; su tío William era “loco”, su tía Agatha era “delirante”, su hijo John fue diagnosticado con esquizofrenia y su nieta Helen también sufrió esquizofrenia y se suicidó prendiéndose fuego.  El hijo de Albert Einstein de su primer matrimonio sufría esquizofrenia. El hijo de John Nash, el dotado matemático y premio nobel de economía esquizofrénico, sufre esquizofrenia también.  Algunos individuos esquizofrénicos y muchos parientes de primer, segundo o tercer grado de ellos,  que comparten parte del genoma esquizofrénico, son algunas de las personas más creativas que hay. La relación cercana entre locura y creatividad llevó a David Horrobin a asumir que la “esquizofrenia” le daba forma a la humanidad.

          Algunos rasgos de personalidad –al límite de lo que es considerado patológico-  están asociados con la capacidad de superar las inhibiciones adquiridas durante el proceso de integración cultural. Estos rasgos se pueden reforzar después de una cierta edad.  Si somos positivos y realistas, podemos asegurar que hay personas que pueden superar nuestra ceguera cultural más fácilmente que otros. Estas personas son más preciadas que nunca. Debemos escucharlos.  Estoy pensando en Wilhelm Reich, que fue originalmente un discípulo de Freud.  Al final de su vida, era considerado loco, de acuerdo al criterio convencional.  Su comportamiento no era compatible con las normas culturales.  Es significante el hecho de que muriera en prisión. Es significante, también, que su último libro fuera “El Asesinato de Cristo”.  En el vocabulario de Reich, “Cristo” es la realización de la Ley Natural.  El libro es, principalmente , sobre la dominación, control y represión de los procesos fisiológicos humanos relacionados con la sexualidad.  Su conclusión contracultural es que tenemos que “cambiar el rumbo y concentrarnos en lo esencial de la vida humana” y que “el bienestar del bebé recién nacido …- no puede ser superado por ninguna otra consideración en la tierra.”

          Estoy pensando en Fréderick Leboyer, cuyo modo de pensar y estilo de vida es –por decir lo menos- poco convencional. En su famoso libro “Nacimiento sin Violencia”, originalmente publicado en 1974, él escribió:

     “… Uno tendría que ser naif para creer que un cataclismo tan tremendo no dejaría su marca.  Sus huellas están en todas partes; en la piel, en los huesos, en el estómago, en la espalda, en nuestra tontera humana, en nuestra locura, en nuestras torturas, en nuestras prisiones, en nuestras leyendas, en nuestras épicas y mitos…”

La manera más común de distorsionar el mal comprendido mensaje de Leboyer ha sido asociar su nombre con la palabra “método”.

            ¿Qué nos depara el futuro? ¿Podemos confiar en que habrá una cantidad suficiente de “locos” influyentes para superar nuestra ceguera cultural actual? Permitámonos soñar un escenario imaginario. Imaginemos, por ejemplo, que los rasgos excéntricos de la Ministra de Salud de un “enorme” país desarrollado se han pronunciado con la edad.  Después de considerar las estadísticas de nacimientos, ella observa una mayor tendencia a nacimientos por forcéps y ventosa, un uso más generalizado de asistencia farmacológica y un alza en la tasa de cesáreas, sin ninguna mejoría en cuanto al número de bebés vivos y sanos al nacer.

Ella está convencida de que la prioridad es crear condiciones compatibles con un parto fácil.  Ella se siente inspirada por su experiencia personal como madre y, también, por la manera en la que doulas fueron seleccionadas para una prueba aleatoria controlada en Houston, Texas.  Así es como ella ha diseñado un plan radical para ser aprobado por el comité.  Las bases de su plan es que para poder transformarse en obstetra o en partera el pre-requisito sea ser una madre que tenga una experiencia personal positiva de un parto sin medicación. ¿Cómo reaccionará el comité a un proyecto como ese? El escenario más probable es que la Ministra de Salud será considerada loca y rápidamente será reemplazada por algún colega capaz de estar a la altura de asuntos importantes.

Sin embargo, si el tiempo está “maduro” para una emergente nueva conciencia, otro escenario posible no se debe descartar.

Imaginemos que la mayoría de los miembros del comité son capaces de escuchar a la bizarra y elocuente Ministra de Salud y de superar su ceguera.  Se convencen de que, en cuanto a lo que concierne al nacimiento, “somos como un viajero o una viajera dándose cuenta que está en el camino equivocado o en el fondo de un saco”.  En ese caso, la mejor acción es volver al punto de partida y recomenzar el viaje en otra dirección.

La conclusión será: saquémonos de encima las secuelas miles de años de creencias y rituales y recomencemos desde la perspectiva fisiológica.  Actuemos como si no fuera demasiado tarde.

Michel Odent

Fragmento del libro “Childbirth and the Future of Homo Sapiens”

Traducción: Macarena Mardones

¡No los Olvidemos!: Rudolf Steiner, Frederick Leboyer, Ina May Gaskin, Wilheim Reich

¡No los Olvidemos!
Rudolf Steiner es, desde el punto vista histórico, uno de los primeros de una serie de visionarios. Es difícil darse cuenta de cómo las visiones de un ser humano extraordinario, que murió en 1925, concuerdan con los problemas del siglo XXI. La influencia de Rudolf Steiner es muy fuerte en los múltiples campos que engloban las artes, las ciencias , la educación, la agricultura, la ganadería, la medicina, y las cuestiones sociales. Me di cuenta de las particularidades de un modo de vida “antroposófico”, es decir, infuenciado por los trabajos de Rudolf Steiner, cuando estudiaba los posibles lazos entre la vacunación contra el coqueluche y el asma en la infancia. Encontre, por casualidad, algunos efecto inesperados sobre la salud. Por ejemplo, entre los 210 alumnos, de 5 a 18 años de una escuela “Rudolf Steiner” de Francia, sólo 4 usaban anteojos. Recientemente, una prestigiosa revista médica estudió las tasa particularmente bajas de enfermedades alérgicas entre los niños que tienen un modo de vida antroposófico.
Rudolf Steiner no podía disociar su interés por el desarrollo de las plantas, lo animales y los humanos. Este simple hecho es una preciosa lección en una época en que somos víctimas de una ceguera por la especialización en extremo. Ciertas predicciones de Rudolf Steiner pueden parecer retrospectivamente increíbles – prácticamente imposibles- al tomar en cuentael contexto científico de la época. Estaba preocupado por el hecho de que ciertos granjeros ya pensaran en darle productos de origen animal a sus vacas. El 13 de enero de 1923, en una conferencia en Dormach, declaró que si le daban carne a las vacas, ¡se volverían locas!
La agricultura biodinámica tuvo repentinamente su auge luego de ocho conferencias que Rudolf Steiner dio a principios de los años 20, por pedido de una cantidad de granjeros. Se trataba del primer método alternativo organizado de agricultura que se basaba en una visión de conjunto incluyendo consideraciones ecológicas y sociales. La agricultura biodinámica anticipaba los efectos destructores de los métodos tradicionales: erosión del suelo, pérdida de humus, desaparición de flores y animales –entre otros inconvenientes que sufrirían las generaciones futuras. El movimiento biodinámico constituyó una poderosa advertencia a la humanidad sobre la fría explotación de los recursos de la Tierra. Representaba una advertencia todavía más potente por el hecho de ser constructiva y ofrecer alternativas. La agricultura biodinámica implica la restitución de los suelos de elementos vivientes, gracias a la aplicación de humus estabilizado, es decir de materias orgánicas bajo formas enteramente degradadas. La rotación de los cultivos, la utilización correcta del compost, el conocimiento de la compatibilidad entre las plantas y el reposo temporario de los suelos, son elementos sanos y prácticos. La idea antroposófica según la cual las pestes y las enfermedades son los medios utilizados por la naturaleza para desembarazarse de todo lo que es básicamente insalubre constituye en sí misma una advertencia . Hoy, miles me dólares (o de euros) se gastan en la compra de pesticidas, fungicidas y herbicidas. Sin embargo, los granjeros siguen perdiendo un tercio de sus cultivos.
(…) Rudolf Steiner murió antes de mi nacimiento. Sin embargo, tengo hacia él un sentimiento de familiaridad a causa de mis lazos con personas cuyo modo de vida y filosofía están inspirados por conceptos antroposóficos.

¡No los olvidemos!
Frederick Leboyer, el obstetra poeta, ha sido también un influyente visionario. En su conocido libro “Por un Nacimiento sin Violencia” nos invitó a ponernos en el lugar del recién nacido cuando era habitual hablar de quien daba a luz. El momento era propicio para un libro de estas características, publicado originalmente en 1974. Estábamos ya en plena era electrónica de la obstetricia. Es por eso que “Por un Nacimiento sin Violencia” fue primero y ante todo percibido como una advertencia que concernía la desconfianza del nacimiento industrializado. No sólo el momento era propicio sino también la presentación del libro era ideal para inducir a una toma de conciencia. La asociación del texto y las bellas fotos significativas y emotivas constituyen un balance perfecto. El estilo mismo estimula constantemente la atención influenciando el estado emocional. En el estilo oracular del visionario, cada párrafo contiene una pequeña cantidad de frases muy cortas… Al estilo de las Escrituras. Aunque Leboyer nos invita a mirar al recién nacido como a un individuo, incluso como a una persona, es evidente que constantemente pensaba en términos de civilización. Una pequeña cantidad de alusiones significativas bien ubicadas amplían el tema. No elude las preguntas esenciales. Tratando de interpretar el ritual que consiste en precipitarse en cortar el cordón, se pregunta: ¿Cómo es que el Hombre, animal racional, con reputación de inteligente, actúe en un momento tan importante de manera tan irracional?”. Una frase, una pregunta, la dimensión cultural y el misterio de los rituales agresivos que reciben a los recién nacidos en todas las sociedades humanas son sutilmente evocados.
La forma en que nacimos permite interpretar nuestros comportamientos cuando nace un bebé. Según Leboyer, ese proceso de “transferencia” se repite sin fin de generación en generación. “Es en conjunto lo que con ignorancia llamamos educación”. Después de haber sido invitados a darnos cuenta de la interferencia del medio cultural, y después de haber sido condicionados para pensar a largo plazo, leemos: “He aquí el nacimiento. He aquí ese suplicio, ese calvario, esa masacre de un inocente que no sabe hablar. Creer que de un cataclismo tal no puede quedar nada, ¡qué inocencia! Las marcas están por todos lados: en la piel, en los huesos, en el vientre, en la espalda, en la locura. En Nuestras locuras, nuestras torturas, nuestras prisiones. En las leyendas, en las epopeyas, en los mitos. Las Escrituras, ¿qué son sino esta interminable odisea?

¡No los olvidemos!
El nombre de Ina May Gaskin está asociado a “The Farm” y también al concepto de partera auténtica. Por su modo de vida, sus acciones y sus enseñanzas Ina May ha transmitido a sus contemporáneos mensajes de gran envergadura. Es fácil resumir sus mensajes: la humanidad no puede sobrevivir sin redescubrir las leyes de la naturaleza; la primera etapa debería ser reconsiderar el modo en que nacen los bebés, lo cual significa el resurgimiento de la verdadera partera; otra etapa –si pensamos en las generaciones por nacer- es dejar de destruir los suelos con métodos agresivos.
En 1971, trescientos veinte hippies de San Francisco se fueron de la costa oeste de Estados Unidos. Su misión era inventar otro modo de vida. Atravesaron el país formando una caravana de buses escolares. Su “slogan” era “partamos de aquí para salvar el mundo”. Finalmente, crearon una comunidad llamada “The Farm” en el condado más pobre de Tenesse, cerca de Summertown. Durante el viaje, nacieron 12 bebés en la comunidad. Fue así como Ina May y otras mujeres del grupo se convirtieron en parteras. Cuando la comunidad se asentó, los miembros del grupo desarrollaron progresivamente todo lo que hace la vida de un pueblo: almacén, escuela, sistema de aprovisionamiento de agua, farmacia, correo, cementerio, oficinas, residencias y lugares de nacimiento. Ina May y otras madres del pueblo aprendieron el oficio de parteras debido a la necesidad y con la ayuda de un médico local benevolente.
El final de los años 70’ –la edad de oro de “The Farm”- dos docenas de bebés nacían cada mes en la comunidad. Las parteras habían adquirido tal experiencia que en 1977 que en 1977 Ina May estaba en condiciones de publicar su libro histórico “Spiritual Midwifery”, un hecho remarcable en la historia del nacimientos. Este libro representa un símbolo del resurgimiento de las parteras en estados Unidos y aún en Europa. Conozco muchas parteras europeas con mucha influencia que visitaron “The Farm” después de haber leído el libro.
Al mismo tiempo, los fundadores de “The Farm”, incluido Stephen, el marido de Ina May, experimentaron el cultivo orgánico. Juntaban todos los desechos orgánicos de las cocinas, establos, aserraderos, almacenes, etc. y los transportaban a una especie de central para el compost. El compost era dado vuelta por los caballos y luego desparramado en los campos. Alrededor de 150 hectáreas se recuperaron gracias a una agricultura orgánica muy productiva. A las huertas y viñedos, se agregaron campos de frambuesas, frutillas y moras. En el vivero crecían una gran cantidad de árboles frutales y de árboles que proveían madera más o menos dura. Los trabajos con la tierra y drenaje permitieron controlar la erosión de los suelos. Las colmenas garantizaban la polinización de los campos, los viveros y las huertas. Los policultivos, la rotación de los cultivos, el desyuyado a mano, los insectos beneficiosos, las serpientes, los lagartos y las tortugas jugaban el rol de pesticidas naturales. La experiencia adquirida de este modo permitió la publicación de “The Farm Book Company”, un libro sobre pesticidas naturales.
Las advertencias emitidas por Ina May Gaskin y los otros “ecociudadanos” de “The Farm” son tanto más elocuentes porque están basados en la experiencia práctica. No son críticas puramente negativas de la industrialización del “farming”, del la industrialización del nacimiento y de otros aspectos del modo de vida moderno dominante.

¡No los Olvidemos!
Wilheim Reich forma también parte de la categoría de genios lúcidos del siglo XX. Su campo principal era la naturaleza de la “energía vital”. Esto implicaba su interés por todos los aspectos de la vida. Reich era uno de esos hombres extraordinariamente capaces de tomar distancia de su propio medio cultural y examinarlo con ojos inocentes. Desde la primera mitad del siglo XX hizo preguntas que son cruciales en nuestra época. Se preguntaba por qué los hombres son incapaces de darse cuenta que forman parte de la naturaleza, y que deberían obedecer su leyes y cooperar con ellas. Estudió el proceso de desertificación y llegó a la conclusión de que es el desierto en el hombre el que crea el desierto en la naturaleza, haciendo referencia a la extraordinaria capacidad que tienen los humanos en no dudar en destruir la vida. Comprendió que el daño que les producimos a los recién nacidos proviene de ese “desierto emocional” tan expandido. “Concentrémosnos en los niños”. No tenía indulgencia para con sus contemporáneos. “Los niños del futuro” deberán reparar el desorden del siglo XX. Para Whilheim Reich la civilización comenzará el día en que el bienestar de los recién nacidos esté por encima de toda otra consideración.

Michel Odent 

“El Granjero y el Obstetra”. Editorial Creavida (2002).