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Las Doulas para el Período de Transición

La doula típica es una madre o una abuela que tiene una experiencia personal de parto natural. Es la figura maternal con la cual una mujer joven puede contar durante todo el período cercano al nacimiento. El “fenómeno doula” puede ser presentado como un aspecto del redescubrimiento de la partera auténtica. A partir de los años 70’ esta palabra griega fue utilizada por John Kennel y Marshall Klaus en sus estudios sobre la presencia femenina de una acompañante en el parto. A la comunidad griega no le gusta esta palabra que de hecho significa “esclava” en la Grecia antigua. Una partera de
Atenas, me dijo que prefería la palabra “paramana” que significa “con la madre”. A pesar de eso, seguiremos utilizando la palabra “doula” porque ha sido usada en numerosos estudios publicados y actualmente es muy conocida.
John Kennel y Marshall Klaus comenzaron sus estudios durante los años 70’, en dos hospitales muy activos de Guatemala, donde nacen 50 ó 60 bebés por día y donde los métodos de trabajo habían sido establecidos por médicos y enfermeras  Americanos. Pudieron demostrar que la presencia de una doula reducía significativamente toda clase de intervenciones y el uso de medicamentos, mejorando las estadísticas. Repitieron sus estudios en Houston, Texas, en un hospital que asiste a una población mayoritariamente pobre de habla española.
Ahí también los “delantales blancos” eran de lengua inglesa. Las doulas hablaban inglés y español.
Como había sucedido en Guatemala, la presencia de la doula tuvo efectos positivos.
Aunque estos estudios fueron realizados en una población de lengua española de bajos
recursos, los resultados estadísticos mostraban sin ambigüedad los efectos positivos de la presencia de una doula. No sucedió lo mismo en California Occidental con el “Programa de Cuidado Permanente de Kaiser” donde la presencia de una doula no tuvo ningún efecto sobre las tasas de intervenciones. Tales diferencias merecen ser interpretadas. En ese programa la población era representativa de la clase
media americana y en ese contexto el padre del bebé estaba casi siempre presente. Lamentablemente, los autores del informe no aportaron ninguna información sobre la forma en que fueron elegidas las doulas. Consideraron importante subrayar que habían aprobado reconocidos programas de entrenamiento y que habían asistido un mínimo de dos nacimientos bajo la supervisión de una doula más experimentada. Podemos preguntarnos si el entrenamiento no fue contraproducente. Tuve la ocasión de
cenar con tres doulas que habían estado involucradas en el estudio de Houston. Hablaban mucho del nacimiento de sus hijos y de sus experiencias positivas. Jamás mencionaron ningún entrenamiento. El término “entrenamiento” sugiere que lo que la doula “hace” es más importante que lo que la doula “es”.
Esto no significa que no deban estar informadas.
Una futura madre joven se siente más segura cuando sabe que su doula está bien preparada.
Una doula ideal debe estar al tanto de todo lo que corresponde al parto, al embarazo y al
amamantamiento, aún si sus conocimientos son superficiales. Imaginemos a una mujer embarazada que escuchó a su médico nombrar la posibilidad de una placenta previa –es preferible que la doula comprenda lo que eso quiere decir.
Las sesiones de información para doulas, deben estar focalizadas en los primero auxilios
obstétricos, de manera que las verdaderas urgencias, que son excepcionales, puedan ser
inmediatamente detectadas. Por ejemplo, si después de una repentina ruptura de la bolsa, el cordón aparece en la vulva, la doula sabrá que es necesario llegar al hospital sin perder tiempo y en el camino tratará de comunicarse con el equipo médico utilizando la expresión “prolapso de cordón”. Si una mujer embarazada tiene repentinamente un terrible dolor en el vientre sin ninguna remisión y al mismo tiempo está en estado de schock, débil y pálida, la doula inmediatamente contactará al equipo médico evocando la posibilidad de un “hematoma retroplacentario”. Si un bebé nace en un momento inesperado y en un lugar no previsto para ello –en un auto, por ejemplo- la doula sabrá que en casos de nacimientos tan rápidos y tan fáciles, habitualmente no hay nada especial para hacer. La única preocupación será asegurar que el lugar esté bien cálido y que la madre y el bebé no corran el riesgo de tener frío. Cortar el cordón no es una necesidad fisiológica. Sin embargo, el ritual está tan bien establecido que en muchos cursos de primeros auxilios enseñan a cortarlo. A menudo los medios de comunicación informan sobre historias sensacionalistas de papás heroicos y astutos que utilizaron el cordón de sus zapatos y par de tijeras de cocina para cortar el cordón. Cuando una mujer tiene un bebé en un lugar como un tren o un avión, el relato sensacionalista está habitualmente centrado en la persona que por casualidad se encontraba ahí y que “liberó” al bebé, más que en la madre que lo trajo al mundo.
El futuro del “fenómeno doula” dependerá de la manera como se interprete esta palabra. Si la doula es una persona más en el lugar del nacimiento –además de la partera, el médico y el padre- su presencia será contraproducente. Si el acento está puesto en su entrenamiento y no en su forma de ser, el fenómeno doula será una oportunidad perdida.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Las Parteras Inadaptables

En todo el mundo hay una cantidad de parteras  que no logran adaptarse al actual 
grado de industrialización del nacimiento. Ellas se dan cuenta de que en las escuelas convencionales, se las ha entrenado sobre todo para seguir protocolos establecidos por comités médicos y se sienten prisioneras de un sistema que está destruyendo el arte de la partería. Algunas dejan de trabajar, como para esperar el advenimiento de una nueva fase en la historia del nacimiento. Otras juegan el rol de Caballo de Troya y tratan de combatir el sistema desde adentro. Algunas buscan alternativas para la práctica en unidades obstétricas convencionales. Otras, han expresado su necesidad de no ser
entrenadas.
Durante la fase de transición que estamos esperando, el concepto de “parteras no entrenadas” podría volverse menos esotérico y misterioso. La expresión “parteras no entrenadas” fue introducido por Jeannine Parvati Baker, una madre de seis hijos que creó el Hygieia College, situao en Utah. Según Jeannine y sus discípulas, toda madre es una partera. Las “conferencias” internacionales organizadas por esta misteriosa escuela son llamadas “encuentros” y tienen lugar, habitualmente, en plena naturaleza. Hygieia tiene actualmente mil estudiantes en los cinco continentes. Esperemos que los objetivos de esta escuela sean más comprendidos en un futuro próximo.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Los Peligros de la Cámara Fotográfica y la Filmadora

La utilización de una cámara de fotos o de una filmadora es otro de los aspectos del nacimiento industrializado. La fotografía no es nueva. Fue inventada en 1839. Sin embargo, mientras el parto era un asunto de mujeres nadie había pensado en tomar una foto a un bebé que llegaba al mundo. A menudo, la primera foto era tomada algunas horas después del nacimiento.
La motivación inicial fue mostrar a través de la imagen que hay alternativas para el parto sobre una camilla, con las piernas atadas, bajo luces fuertes, en presencia de personas con delantal blanco. En cierta época era imperativo reemplazar las imágenes mentales habitualmente asociadas con la palabra “parto”.
Nosotros mismos contribuimos al desarrollo de una epidemia de fotos y películas, aún antes de la era del video . Siempre fuimos conscientes de la necesidad de intimidad. Cuando participábamos de reportes fotográficos o programas televisivos, estábamos muy atentos a incorporar la cámara sólo en el último momento, justo antes del nacimiento –en el punto sin retorno- cuando no existiera el riesgo de detener el progreso del parto.
En el contexto de un hospital en el que nacen muchos bebés por día, era posible improvisar e introducir la cámara sólo en un pequeño número de casos altamente seleccionados, cuando la mujer estaba realmente “en otro planeta”. Siempre hemos evitado hacer tomas en la primera fase del parto y fuimos siempre muy prudentes antes del alumbramiento de la placenta. Tengo el recuerdo de una mujer que trajo al mundo a su bebé ante una enorme cámara de una cadena de televisión alemana. Unos
instantes después del nacimiento dijo: “¡Fue maravilloso. Lástima que nadie haya sacado una foto!”.
Actualmente es muy común usar la filmadora, en especial una videocámara, durante el
nacimiento en casa o en la maternidad, sin darse cuenta qué tan invasivo esto puede ser. Numerosos programas de televisión fueron consagrados al nacimiento en casa. Es fácil encontrar mujeres que aceptan de antemano la presencia de un equipo de televisión en su casa.
Es elocuente que cuando suceden complicaciones en tales circunstancias, nadie las relacione con la presencia de la cámara. Les contaré algunas anécdotas significativas.
Recuerdo el caso de una partera norteamericana que fue perseguida por la justicia después de la muerte de un bebé nacido en casa. Se trataba de una presentación de nalgas. Era retrospectivamente fácil criticar la actitud de esa pobre partera sin defensas, porque todo el período previo al nacimiento había sido filmado con una video cámara. Esta historia fue luego discutida en internet por un grupo de parteras. Nadie evocó los posibles peligros del uso de la cámara. Tengo experiencias de partos de nalgas en las casas y no hubiera aceptado nunca estar involucrado en uno de esos nacimientos si la madre hubiera sido consciente de la presencia de la cámara.
La actual epidemia de fotos y videos es ante todo un síntoma de la incomprensión casi cultural de los procesos fisiológicos. Actualmente, la prioridad es redescubrir la necesidad de intimidad. Es necesario aprender a controlar y, en la medida de lo posible, eliminar a los observadores y a las diferentes formas de observación. Por este motivo, este libro no contiene fotos de nacimientos. La presencia de una cámara es incompatible con la “actitud biodinámica” del nacimiento.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Una Situación sin Precedentes

Al combinar todas las perspectivas involucradas en la cientificación del amor, es fácil explicar porqué estamos en un real punto de inflexión en la historia del nacimiento.

Aunque todas la sociedades hayan tratado de controlar este acontecimiento, la situación es radicalmente nueva en el comienzo del siglo XXI. 

Hasta hace poco tiempo, una mujer no podía tener un bebé sin segregar un complejo cóctel de hormonas del amor. Hoy, en la actual fase de la industrialización del nacimiento, la mayoría de las mujeres tiene a sus bebés sin contar con esa cantidad de hormonas. Algunas tienen una cesárea que pueden incluso ser programada y tener lugar antes que el trabajo comience. Otras tienen sus secreciones hormonales bloqueadas por sustitutos farmacológicos (habitualmente un goteo de oxitoxina sintética y una anestesia peridural). Aun aquellas que han traído a sus bebés al mundo sin ayuda farmacológica reciben a menudo una inyección de oxitoxina sintética para el alumbramiento de la placenta, en un momento crucial de la relación madre-bebé. (…) 

Estas consideraciones deben ser situadas en el contexto del siglo XXI. Estamos en una época en que la humanidad debe inventar estrategias de supervivencia totalmente uevas. Comenzamos a darnos cuenta de los límites de las estrategias tradicionales. Debemos formular nuevas preguntas tales como: “¿Cómo se desarrolla esta forma de amor que es el respeto por la Madre Tierra?” La destrucción del planeta no se detendrá sin una unificación de la aldea global. Necesitamos las energías del amor más que nunca. Todas las creencias y rituales que ponen a prueba el instinto maternal agresivo protector están en camino de perder sus ventajas evolutivas . Es también en este preciso momento de la historia que se desarrolla la cientificación del amor. Es por eso que este aspecto poco conocido de la revolución científica debe ser considerado como una de las grandes etapas de la historia de la humanidad.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).