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CEGUERA CULTURAL

 Imagina que estás sentado(a) en un salón de conferencias durante una charla abierta al público. El tema es el nacimiento. Te preguntas quienes son los otros participantes. Claramente hay muchas mujeres embarazadas y parteras y ,quizás, también algunos doctores. Obviamente, los participantes tienen un interés directo e inmediato en el nacimiento. Ya sea por razones profesionales o por razones personales.  De la interacción entre el conferenciante y el público, parece ser que este evento está dominado por consideraciones de corto plazo. No se percibe como una discusión sobre el futuro de la humanidad.

            Hay una falta de interés universal sobre las consecuencias a largo plazo de cómo nacen los bebés.  En el contexto científico actual, esto se puede presentar como una suerte de ceguera cultural.  Es como si hubieran fuerzas culturales que nos están empujando a ignorar lo esencial.

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APRENDIENDO DE LOS BIÓGRAFOS

            Otra manera de evaluar la ceguera cultural es mirar a las biografías de pioneros muy influyentes y bien conocidos en algunas ciencias humanas o en medicina.  Algunos de ellos se han interesado en la manera en que nacen los bebés, y en muchos casos, esa fue la parte de su trabajo que fue ignorada por sus contemporáneos y, por lo tanto, no ha sido transmitida a las futuras generaciones. El trabajo de María Montessori es un típico ejemplo.  Es posible leer la más detallada de sus numerosas biografías en una gran variedad de idiomas, sin encontrar una mínima pista de la importancia que ella le asignaba a la manera en que los bebés nacen.  Este es el principio del capítulo “El niño recién nacido” en su libro titulado “El Secreto de la Niñez” (que es una adaptación al inglés del libro publicado originalmente en francés en 1930).

            “Al nacer el niño no entra en un entorno natural, sino más bien en uno que ha sido extensamente modificado por los hombres.  Es un ambiente que ha sido construido a expensas de la naturaleza, por los hombres… En ningún otro momento de su vida el hombre experimenta un conflicto y lucha tal, con el consecuente sufrimiento, como en el momento del nacimiento. Este es un período que ciertamente merece ser estudiado, pero hasta ahora ningún estudio así de ha hecho…”

            Podríamos hacer comentarios similares sobre las biografías de Raymond Dextreit, quien después de la segunda guerra mundial, fue un autor influyente de la “Medicina Natural”.  Escribiendo en el Journal francés de Bionaturismo en 1954, Drextreit comentaba sobre el nacimiento:

       “Todos los cuidados prodigados al  bebé del momento en que aparece sólo sirven para sacarlo de equilibrio en su punto de partida.  Cuando el bebé llega hay un schock esperando por él, más bien una serie de schocks.  Después de varios meses en la calma,  el silencio, la oscuridad y la confortable suavidad del vientre de la madre, el bebé repentina y abruptamente  se hace consciente del ruido y la luz, en una temperatura ambiente mucho más baja de la que ha conocido por meses. Y como si esta acometida de schocks no fuera suficiente, es luego expuesto al tratamiento particularmente brutal que es el corte temprano del cordón. En lugar de pensar en precauciones vitales, nos concentramos en microbios. En lugar de proteger y desarrollar todas las maravillosas inmunidades naturales, matamos todos los microbios… Por el momento, no iremos más lejos, esperando quizás presuntuosamente que hemos llevado la atención del lector a un aspecto del problema humano que los hombres de ciencia creen que han resuelto.”

          Drextreit estuvo en lo correcto al introducir la palabra “presuntuosamente”.

          De la misma manera que a pioneros individuales se les ha ignorado parte significante de su trabajo, el trabajo relativo al nacimiento de grupos médicos o de investigación científica ha sido pasado por alto.   La Sociedad Psicoanalítica de Viena ofrece un típico ejemplo.  Freud consideraba a Otto Rank, que trabajada muy cerca suyo por 20 años, el más brillante de sus discípulos vieneses.  El punto de inflexión fue en 1924, cuando Rank se atrevió a publicar Das Trauma der Geburt (El Trauma del Nacimiento), explorando como el arte, el mito, la religión, la filosofía y la terapia eran iluminados por el período de transición entre la vida intra-uterina y la vida extra-uterina.  Otto Rank había puesto su dedo en la fundación de nuestra civilización.

LAS FUNCIONES VITALES DE LA LOCURA

          Como la ceguera a propósito de la investigación científica sobre el nacimiento es cultural, debemos apoyarnos en maneras contraculturales de pensar y de ser para anunciar una nueva era con estrategias renovadas para la sobrevivencia.  Esto es sin lugar a dudas muy difícil porque los seres humanos están dotados con tendencias gregarias.  Como la mayoría de los primates necesitamos vivir en grupos.  Gracias a nuestra capacidad para comunicarnos de maneras sofisticadas, particularmente a través del lenguaje, creamos medios culturales.  Los medios culturales prescriben y proscriben comportamientos; dictan lo que la gente debe y no debe hacer según sus contextos y circunstancias sociales.  Las normas se establecen con al menos cierto grado de consenso,  que se imponen a través de sanciones sociales.

          Porque los comportamientos antisociales son contrarios a los estándares de nuestras sociedades, fácilmente son considerados patológicos o moralmente inaceptables.  En un contexto tal, es difícil aceptar que podemos tomar ventaja de ciertas desviaciones.  Dentro de estas desviaciones debemos mencionar a los excéntricos y a los genios.  La mayoría delos genios legendarios más altamente creativos, tenían personalidades inusualmente excéntricas y manifestaban muchos rasgos esquizoides.  Isaac Newton vivió la mayor parte de su vida solo. Albert Einstein no se aseaba y poseía deficiencias interpersonales bien documentadas. Bertrand Russell era un niño distante, solitario y de alguna manera inseguro, lo cual lo llevó a una vida inestable como adulto.

La relación entre “genio” y “locura” ha sido extensamente estudiada desde el siglo XIX, después de que Cesare Lumbroso, un psiquiatra italiano, publicara su libro “L’Uomo di Genio” en 1869. Los rasgos de personalidad de los genios se pueden simplemente omitir como detalles sin importancia, pero de hecho muchas veces sus historias familiares muestran fuertes conexiones entre genialidad y esquizofrenia.  Muchos estudios, como uno llevado a cabo en Islandia, plantea que los familiares de personas creativas sufren una tasa mayor de esquizofrenia. Es notable que la hija de James Joyce era esquizofrénica y el pedigree familiar de Bertrand Russell estaba cargado con personas esquizofrénicas; su tío William era “loco”, su tía Agatha era “delirante”, su hijo John fue diagnosticado con esquizofrenia y su nieta Helen también sufrió esquizofrenia y se suicidó prendiéndose fuego.  El hijo de Albert Einstein de su primer matrimonio sufría esquizofrenia. El hijo de John Nash, el dotado matemático y premio nobel de economía esquizofrénico, sufre esquizofrenia también.  Algunos individuos esquizofrénicos y muchos parientes de primer, segundo o tercer grado de ellos,  que comparten parte del genoma esquizofrénico, son algunas de las personas más creativas que hay. La relación cercana entre locura y creatividad llevó a David Horrobin a asumir que la “esquizofrenia” le daba forma a la humanidad.

          Algunos rasgos de personalidad –al límite de lo que es considerado patológico-  están asociados con la capacidad de superar las inhibiciones adquiridas durante el proceso de integración cultural. Estos rasgos se pueden reforzar después de una cierta edad.  Si somos positivos y realistas, podemos asegurar que hay personas que pueden superar nuestra ceguera cultural más fácilmente que otros. Estas personas son más preciadas que nunca. Debemos escucharlos.  Estoy pensando en Wilhelm Reich, que fue originalmente un discípulo de Freud.  Al final de su vida, era considerado loco, de acuerdo al criterio convencional.  Su comportamiento no era compatible con las normas culturales.  Es significante el hecho de que muriera en prisión. Es significante, también, que su último libro fuera “El Asesinato de Cristo”.  En el vocabulario de Reich, “Cristo” es la realización de la Ley Natural.  El libro es, principalmente , sobre la dominación, control y represión de los procesos fisiológicos humanos relacionados con la sexualidad.  Su conclusión contracultural es que tenemos que “cambiar el rumbo y concentrarnos en lo esencial de la vida humana” y que “el bienestar del bebé recién nacido …- no puede ser superado por ninguna otra consideración en la tierra.”

          Estoy pensando en Fréderick Leboyer, cuyo modo de pensar y estilo de vida es –por decir lo menos- poco convencional. En su famoso libro “Nacimiento sin Violencia”, originalmente publicado en 1974, él escribió:

     “… Uno tendría que ser naif para creer que un cataclismo tan tremendo no dejaría su marca.  Sus huellas están en todas partes; en la piel, en los huesos, en el estómago, en la espalda, en nuestra tontera humana, en nuestra locura, en nuestras torturas, en nuestras prisiones, en nuestras leyendas, en nuestras épicas y mitos…”

La manera más común de distorsionar el mal comprendido mensaje de Leboyer ha sido asociar su nombre con la palabra “método”.

            ¿Qué nos depara el futuro? ¿Podemos confiar en que habrá una cantidad suficiente de “locos” influyentes para superar nuestra ceguera cultural actual? Permitámonos soñar un escenario imaginario. Imaginemos, por ejemplo, que los rasgos excéntricos de la Ministra de Salud de un “enorme” país desarrollado se han pronunciado con la edad.  Después de considerar las estadísticas de nacimientos, ella observa una mayor tendencia a nacimientos por forcéps y ventosa, un uso más generalizado de asistencia farmacológica y un alza en la tasa de cesáreas, sin ninguna mejoría en cuanto al número de bebés vivos y sanos al nacer.

Ella está convencida de que la prioridad es crear condiciones compatibles con un parto fácil.  Ella se siente inspirada por su experiencia personal como madre y, también, por la manera en la que doulas fueron seleccionadas para una prueba aleatoria controlada en Houston, Texas.  Así es como ella ha diseñado un plan radical para ser aprobado por el comité.  Las bases de su plan es que para poder transformarse en obstetra o en partera el pre-requisito sea ser una madre que tenga una experiencia personal positiva de un parto sin medicación. ¿Cómo reaccionará el comité a un proyecto como ese? El escenario más probable es que la Ministra de Salud será considerada loca y rápidamente será reemplazada por algún colega capaz de estar a la altura de asuntos importantes.

Sin embargo, si el tiempo está “maduro” para una emergente nueva conciencia, otro escenario posible no se debe descartar.

Imaginemos que la mayoría de los miembros del comité son capaces de escuchar a la bizarra y elocuente Ministra de Salud y de superar su ceguera.  Se convencen de que, en cuanto a lo que concierne al nacimiento, “somos como un viajero o una viajera dándose cuenta que está en el camino equivocado o en el fondo de un saco”.  En ese caso, la mejor acción es volver al punto de partida y recomenzar el viaje en otra dirección.

La conclusión será: saquémonos de encima las secuelas miles de años de creencias y rituales y recomencemos desde la perspectiva fisiológica.  Actuemos como si no fuera demasiado tarde.

Michel Odent

Fragmento del libro “Childbirth and the Future of Homo Sapiens”

Traducción: Macarena Mardones

¡No los Olvidemos!: Rudolf Steiner, Frederick Leboyer, Ina May Gaskin, Wilheim Reich

¡No los Olvidemos!
Rudolf Steiner es, desde el punto vista histórico, uno de los primeros de una serie de visionarios. Es difícil darse cuenta de cómo las visiones de un ser humano extraordinario, que murió en 1925, concuerdan con los problemas del siglo XXI. La influencia de Rudolf Steiner es muy fuerte en los múltiples campos que engloban las artes, las ciencias , la educación, la agricultura, la ganadería, la medicina, y las cuestiones sociales. Me di cuenta de las particularidades de un modo de vida “antroposófico”, es decir, infuenciado por los trabajos de Rudolf Steiner, cuando estudiaba los posibles lazos entre la vacunación contra el coqueluche y el asma en la infancia. Encontre, por casualidad, algunos efecto inesperados sobre la salud. Por ejemplo, entre los 210 alumnos, de 5 a 18 años de una escuela “Rudolf Steiner” de Francia, sólo 4 usaban anteojos. Recientemente, una prestigiosa revista médica estudió las tasa particularmente bajas de enfermedades alérgicas entre los niños que tienen un modo de vida antroposófico.
Rudolf Steiner no podía disociar su interés por el desarrollo de las plantas, lo animales y los humanos. Este simple hecho es una preciosa lección en una época en que somos víctimas de una ceguera por la especialización en extremo. Ciertas predicciones de Rudolf Steiner pueden parecer retrospectivamente increíbles – prácticamente imposibles- al tomar en cuentael contexto científico de la época. Estaba preocupado por el hecho de que ciertos granjeros ya pensaran en darle productos de origen animal a sus vacas. El 13 de enero de 1923, en una conferencia en Dormach, declaró que si le daban carne a las vacas, ¡se volverían locas!
La agricultura biodinámica tuvo repentinamente su auge luego de ocho conferencias que Rudolf Steiner dio a principios de los años 20, por pedido de una cantidad de granjeros. Se trataba del primer método alternativo organizado de agricultura que se basaba en una visión de conjunto incluyendo consideraciones ecológicas y sociales. La agricultura biodinámica anticipaba los efectos destructores de los métodos tradicionales: erosión del suelo, pérdida de humus, desaparición de flores y animales –entre otros inconvenientes que sufrirían las generaciones futuras. El movimiento biodinámico constituyó una poderosa advertencia a la humanidad sobre la fría explotación de los recursos de la Tierra. Representaba una advertencia todavía más potente por el hecho de ser constructiva y ofrecer alternativas. La agricultura biodinámica implica la restitución de los suelos de elementos vivientes, gracias a la aplicación de humus estabilizado, es decir de materias orgánicas bajo formas enteramente degradadas. La rotación de los cultivos, la utilización correcta del compost, el conocimiento de la compatibilidad entre las plantas y el reposo temporario de los suelos, son elementos sanos y prácticos. La idea antroposófica según la cual las pestes y las enfermedades son los medios utilizados por la naturaleza para desembarazarse de todo lo que es básicamente insalubre constituye en sí misma una advertencia . Hoy, miles me dólares (o de euros) se gastan en la compra de pesticidas, fungicidas y herbicidas. Sin embargo, los granjeros siguen perdiendo un tercio de sus cultivos.
(…) Rudolf Steiner murió antes de mi nacimiento. Sin embargo, tengo hacia él un sentimiento de familiaridad a causa de mis lazos con personas cuyo modo de vida y filosofía están inspirados por conceptos antroposóficos.

¡No los olvidemos!
Frederick Leboyer, el obstetra poeta, ha sido también un influyente visionario. En su conocido libro “Por un Nacimiento sin Violencia” nos invitó a ponernos en el lugar del recién nacido cuando era habitual hablar de quien daba a luz. El momento era propicio para un libro de estas características, publicado originalmente en 1974. Estábamos ya en plena era electrónica de la obstetricia. Es por eso que “Por un Nacimiento sin Violencia” fue primero y ante todo percibido como una advertencia que concernía la desconfianza del nacimiento industrializado. No sólo el momento era propicio sino también la presentación del libro era ideal para inducir a una toma de conciencia. La asociación del texto y las bellas fotos significativas y emotivas constituyen un balance perfecto. El estilo mismo estimula constantemente la atención influenciando el estado emocional. En el estilo oracular del visionario, cada párrafo contiene una pequeña cantidad de frases muy cortas… Al estilo de las Escrituras. Aunque Leboyer nos invita a mirar al recién nacido como a un individuo, incluso como a una persona, es evidente que constantemente pensaba en términos de civilización. Una pequeña cantidad de alusiones significativas bien ubicadas amplían el tema. No elude las preguntas esenciales. Tratando de interpretar el ritual que consiste en precipitarse en cortar el cordón, se pregunta: ¿Cómo es que el Hombre, animal racional, con reputación de inteligente, actúe en un momento tan importante de manera tan irracional?”. Una frase, una pregunta, la dimensión cultural y el misterio de los rituales agresivos que reciben a los recién nacidos en todas las sociedades humanas son sutilmente evocados.
La forma en que nacimos permite interpretar nuestros comportamientos cuando nace un bebé. Según Leboyer, ese proceso de “transferencia” se repite sin fin de generación en generación. “Es en conjunto lo que con ignorancia llamamos educación”. Después de haber sido invitados a darnos cuenta de la interferencia del medio cultural, y después de haber sido condicionados para pensar a largo plazo, leemos: “He aquí el nacimiento. He aquí ese suplicio, ese calvario, esa masacre de un inocente que no sabe hablar. Creer que de un cataclismo tal no puede quedar nada, ¡qué inocencia! Las marcas están por todos lados: en la piel, en los huesos, en el vientre, en la espalda, en la locura. En Nuestras locuras, nuestras torturas, nuestras prisiones. En las leyendas, en las epopeyas, en los mitos. Las Escrituras, ¿qué son sino esta interminable odisea?

¡No los olvidemos!
El nombre de Ina May Gaskin está asociado a “The Farm” y también al concepto de partera auténtica. Por su modo de vida, sus acciones y sus enseñanzas Ina May ha transmitido a sus contemporáneos mensajes de gran envergadura. Es fácil resumir sus mensajes: la humanidad no puede sobrevivir sin redescubrir las leyes de la naturaleza; la primera etapa debería ser reconsiderar el modo en que nacen los bebés, lo cual significa el resurgimiento de la verdadera partera; otra etapa –si pensamos en las generaciones por nacer- es dejar de destruir los suelos con métodos agresivos.
En 1971, trescientos veinte hippies de San Francisco se fueron de la costa oeste de Estados Unidos. Su misión era inventar otro modo de vida. Atravesaron el país formando una caravana de buses escolares. Su “slogan” era “partamos de aquí para salvar el mundo”. Finalmente, crearon una comunidad llamada “The Farm” en el condado más pobre de Tenesse, cerca de Summertown. Durante el viaje, nacieron 12 bebés en la comunidad. Fue así como Ina May y otras mujeres del grupo se convirtieron en parteras. Cuando la comunidad se asentó, los miembros del grupo desarrollaron progresivamente todo lo que hace la vida de un pueblo: almacén, escuela, sistema de aprovisionamiento de agua, farmacia, correo, cementerio, oficinas, residencias y lugares de nacimiento. Ina May y otras madres del pueblo aprendieron el oficio de parteras debido a la necesidad y con la ayuda de un médico local benevolente.
El final de los años 70’ –la edad de oro de “The Farm”- dos docenas de bebés nacían cada mes en la comunidad. Las parteras habían adquirido tal experiencia que en 1977 que en 1977 Ina May estaba en condiciones de publicar su libro histórico “Spiritual Midwifery”, un hecho remarcable en la historia del nacimientos. Este libro representa un símbolo del resurgimiento de las parteras en estados Unidos y aún en Europa. Conozco muchas parteras europeas con mucha influencia que visitaron “The Farm” después de haber leído el libro.
Al mismo tiempo, los fundadores de “The Farm”, incluido Stephen, el marido de Ina May, experimentaron el cultivo orgánico. Juntaban todos los desechos orgánicos de las cocinas, establos, aserraderos, almacenes, etc. y los transportaban a una especie de central para el compost. El compost era dado vuelta por los caballos y luego desparramado en los campos. Alrededor de 150 hectáreas se recuperaron gracias a una agricultura orgánica muy productiva. A las huertas y viñedos, se agregaron campos de frambuesas, frutillas y moras. En el vivero crecían una gran cantidad de árboles frutales y de árboles que proveían madera más o menos dura. Los trabajos con la tierra y drenaje permitieron controlar la erosión de los suelos. Las colmenas garantizaban la polinización de los campos, los viveros y las huertas. Los policultivos, la rotación de los cultivos, el desyuyado a mano, los insectos beneficiosos, las serpientes, los lagartos y las tortugas jugaban el rol de pesticidas naturales. La experiencia adquirida de este modo permitió la publicación de “The Farm Book Company”, un libro sobre pesticidas naturales.
Las advertencias emitidas por Ina May Gaskin y los otros “ecociudadanos” de “The Farm” son tanto más elocuentes porque están basados en la experiencia práctica. No son críticas puramente negativas de la industrialización del “farming”, del la industrialización del nacimiento y de otros aspectos del modo de vida moderno dominante.

¡No los Olvidemos!
Wilheim Reich forma también parte de la categoría de genios lúcidos del siglo XX. Su campo principal era la naturaleza de la “energía vital”. Esto implicaba su interés por todos los aspectos de la vida. Reich era uno de esos hombres extraordinariamente capaces de tomar distancia de su propio medio cultural y examinarlo con ojos inocentes. Desde la primera mitad del siglo XX hizo preguntas que son cruciales en nuestra época. Se preguntaba por qué los hombres son incapaces de darse cuenta que forman parte de la naturaleza, y que deberían obedecer su leyes y cooperar con ellas. Estudió el proceso de desertificación y llegó a la conclusión de que es el desierto en el hombre el que crea el desierto en la naturaleza, haciendo referencia a la extraordinaria capacidad que tienen los humanos en no dudar en destruir la vida. Comprendió que el daño que les producimos a los recién nacidos proviene de ese “desierto emocional” tan expandido. “Concentrémosnos en los niños”. No tenía indulgencia para con sus contemporáneos. “Los niños del futuro” deberán reparar el desorden del siglo XX. Para Whilheim Reich la civilización comenzará el día en que el bienestar de los recién nacidos esté por encima de toda otra consideración.

Michel Odent 

“El Granjero y el Obstetra”. Editorial Creavida (2002).

Las Doulas para el Período de Transición

La doula típica es una madre o una abuela que tiene una experiencia personal de parto natural. Es la figura maternal con la cual una mujer joven puede contar durante todo el período cercano al nacimiento. El “fenómeno doula” puede ser presentado como un aspecto del redescubrimiento de la partera auténtica. A partir de los años 70’ esta palabra griega fue utilizada por John Kennel y Marshall Klaus en sus estudios sobre la presencia femenina de una acompañante en el parto. A la comunidad griega no le gusta esta palabra que de hecho significa “esclava” en la Grecia antigua. Una partera de
Atenas, me dijo que prefería la palabra “paramana” que significa “con la madre”. A pesar de eso, seguiremos utilizando la palabra “doula” porque ha sido usada en numerosos estudios publicados y actualmente es muy conocida.
John Kennel y Marshall Klaus comenzaron sus estudios durante los años 70’, en dos hospitales muy activos de Guatemala, donde nacen 50 ó 60 bebés por día y donde los métodos de trabajo habían sido establecidos por médicos y enfermeras  Americanos. Pudieron demostrar que la presencia de una doula reducía significativamente toda clase de intervenciones y el uso de medicamentos, mejorando las estadísticas. Repitieron sus estudios en Houston, Texas, en un hospital que asiste a una población mayoritariamente pobre de habla española.
Ahí también los “delantales blancos” eran de lengua inglesa. Las doulas hablaban inglés y español.
Como había sucedido en Guatemala, la presencia de la doula tuvo efectos positivos.
Aunque estos estudios fueron realizados en una población de lengua española de bajos
recursos, los resultados estadísticos mostraban sin ambigüedad los efectos positivos de la presencia de una doula. No sucedió lo mismo en California Occidental con el “Programa de Cuidado Permanente de Kaiser” donde la presencia de una doula no tuvo ningún efecto sobre las tasas de intervenciones. Tales diferencias merecen ser interpretadas. En ese programa la población era representativa de la clase
media americana y en ese contexto el padre del bebé estaba casi siempre presente. Lamentablemente, los autores del informe no aportaron ninguna información sobre la forma en que fueron elegidas las doulas. Consideraron importante subrayar que habían aprobado reconocidos programas de entrenamiento y que habían asistido un mínimo de dos nacimientos bajo la supervisión de una doula más experimentada. Podemos preguntarnos si el entrenamiento no fue contraproducente. Tuve la ocasión de
cenar con tres doulas que habían estado involucradas en el estudio de Houston. Hablaban mucho del nacimiento de sus hijos y de sus experiencias positivas. Jamás mencionaron ningún entrenamiento. El término “entrenamiento” sugiere que lo que la doula “hace” es más importante que lo que la doula “es”.
Esto no significa que no deban estar informadas.
Una futura madre joven se siente más segura cuando sabe que su doula está bien preparada.
Una doula ideal debe estar al tanto de todo lo que corresponde al parto, al embarazo y al
amamantamiento, aún si sus conocimientos son superficiales. Imaginemos a una mujer embarazada que escuchó a su médico nombrar la posibilidad de una placenta previa –es preferible que la doula comprenda lo que eso quiere decir.
Las sesiones de información para doulas, deben estar focalizadas en los primero auxilios
obstétricos, de manera que las verdaderas urgencias, que son excepcionales, puedan ser
inmediatamente detectadas. Por ejemplo, si después de una repentina ruptura de la bolsa, el cordón aparece en la vulva, la doula sabrá que es necesario llegar al hospital sin perder tiempo y en el camino tratará de comunicarse con el equipo médico utilizando la expresión “prolapso de cordón”. Si una mujer embarazada tiene repentinamente un terrible dolor en el vientre sin ninguna remisión y al mismo tiempo está en estado de schock, débil y pálida, la doula inmediatamente contactará al equipo médico evocando la posibilidad de un “hematoma retroplacentario”. Si un bebé nace en un momento inesperado y en un lugar no previsto para ello –en un auto, por ejemplo- la doula sabrá que en casos de nacimientos tan rápidos y tan fáciles, habitualmente no hay nada especial para hacer. La única preocupación será asegurar que el lugar esté bien cálido y que la madre y el bebé no corran el riesgo de tener frío. Cortar el cordón no es una necesidad fisiológica. Sin embargo, el ritual está tan bien establecido que en muchos cursos de primeros auxilios enseñan a cortarlo. A menudo los medios de comunicación informan sobre historias sensacionalistas de papás heroicos y astutos que utilizaron el cordón de sus zapatos y par de tijeras de cocina para cortar el cordón. Cuando una mujer tiene un bebé en un lugar como un tren o un avión, el relato sensacionalista está habitualmente centrado en la persona que por casualidad se encontraba ahí y que “liberó” al bebé, más que en la madre que lo trajo al mundo.
El futuro del “fenómeno doula” dependerá de la manera como se interprete esta palabra. Si la doula es una persona más en el lugar del nacimiento –además de la partera, el médico y el padre- su presencia será contraproducente. Si el acento está puesto en su entrenamiento y no en su forma de ser, el fenómeno doula será una oportunidad perdida.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Las Parteras Inadaptables

En todo el mundo hay una cantidad de parteras  que no logran adaptarse al actual 
grado de industrialización del nacimiento. Ellas se dan cuenta de que en las escuelas convencionales, se las ha entrenado sobre todo para seguir protocolos establecidos por comités médicos y se sienten prisioneras de un sistema que está destruyendo el arte de la partería. Algunas dejan de trabajar, como para esperar el advenimiento de una nueva fase en la historia del nacimiento. Otras juegan el rol de Caballo de Troya y tratan de combatir el sistema desde adentro. Algunas buscan alternativas para la práctica en unidades obstétricas convencionales. Otras, han expresado su necesidad de no ser
entrenadas.
Durante la fase de transición que estamos esperando, el concepto de “parteras no entrenadas” podría volverse menos esotérico y misterioso. La expresión “parteras no entrenadas” fue introducido por Jeannine Parvati Baker, una madre de seis hijos que creó el Hygieia College, situao en Utah. Según Jeannine y sus discípulas, toda madre es una partera. Las “conferencias” internacionales organizadas por esta misteriosa escuela son llamadas “encuentros” y tienen lugar, habitualmente, en plena naturaleza. Hygieia tiene actualmente mil estudiantes en los cinco continentes. Esperemos que los objetivos de esta escuela sean más comprendidos en un futuro próximo.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Los Peligros de la Cámara Fotográfica y la Filmadora

La utilización de una cámara de fotos o de una filmadora es otro de los aspectos del nacimiento industrializado. La fotografía no es nueva. Fue inventada en 1839. Sin embargo, mientras el parto era un asunto de mujeres nadie había pensado en tomar una foto a un bebé que llegaba al mundo. A menudo, la primera foto era tomada algunas horas después del nacimiento.
La motivación inicial fue mostrar a través de la imagen que hay alternativas para el parto sobre una camilla, con las piernas atadas, bajo luces fuertes, en presencia de personas con delantal blanco. En cierta época era imperativo reemplazar las imágenes mentales habitualmente asociadas con la palabra “parto”.
Nosotros mismos contribuimos al desarrollo de una epidemia de fotos y películas, aún antes de la era del video . Siempre fuimos conscientes de la necesidad de intimidad. Cuando participábamos de reportes fotográficos o programas televisivos, estábamos muy atentos a incorporar la cámara sólo en el último momento, justo antes del nacimiento –en el punto sin retorno- cuando no existiera el riesgo de detener el progreso del parto.
En el contexto de un hospital en el que nacen muchos bebés por día, era posible improvisar e introducir la cámara sólo en un pequeño número de casos altamente seleccionados, cuando la mujer estaba realmente “en otro planeta”. Siempre hemos evitado hacer tomas en la primera fase del parto y fuimos siempre muy prudentes antes del alumbramiento de la placenta. Tengo el recuerdo de una mujer que trajo al mundo a su bebé ante una enorme cámara de una cadena de televisión alemana. Unos
instantes después del nacimiento dijo: “¡Fue maravilloso. Lástima que nadie haya sacado una foto!”.
Actualmente es muy común usar la filmadora, en especial una videocámara, durante el
nacimiento en casa o en la maternidad, sin darse cuenta qué tan invasivo esto puede ser. Numerosos programas de televisión fueron consagrados al nacimiento en casa. Es fácil encontrar mujeres que aceptan de antemano la presencia de un equipo de televisión en su casa.
Es elocuente que cuando suceden complicaciones en tales circunstancias, nadie las relacione con la presencia de la cámara. Les contaré algunas anécdotas significativas.
Recuerdo el caso de una partera norteamericana que fue perseguida por la justicia después de la muerte de un bebé nacido en casa. Se trataba de una presentación de nalgas. Era retrospectivamente fácil criticar la actitud de esa pobre partera sin defensas, porque todo el período previo al nacimiento había sido filmado con una video cámara. Esta historia fue luego discutida en internet por un grupo de parteras. Nadie evocó los posibles peligros del uso de la cámara. Tengo experiencias de partos de nalgas en las casas y no hubiera aceptado nunca estar involucrado en uno de esos nacimientos si la madre hubiera sido consciente de la presencia de la cámara.
La actual epidemia de fotos y videos es ante todo un síntoma de la incomprensión casi cultural de los procesos fisiológicos. Actualmente, la prioridad es redescubrir la necesidad de intimidad. Es necesario aprender a controlar y, en la medida de lo posible, eliminar a los observadores y a las diferentes formas de observación. Por este motivo, este libro no contiene fotos de nacimientos. La presencia de una cámara es incompatible con la “actitud biodinámica” del nacimiento.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).

Una Situación sin Precedentes

Al combinar todas las perspectivas involucradas en la cientificación del amor, es fácil explicar porqué estamos en un real punto de inflexión en la historia del nacimiento.

Aunque todas la sociedades hayan tratado de controlar este acontecimiento, la situación es radicalmente nueva en el comienzo del siglo XXI. 

Hasta hace poco tiempo, una mujer no podía tener un bebé sin segregar un complejo cóctel de hormonas del amor. Hoy, en la actual fase de la industrialización del nacimiento, la mayoría de las mujeres tiene a sus bebés sin contar con esa cantidad de hormonas. Algunas tienen una cesárea que pueden incluso ser programada y tener lugar antes que el trabajo comience. Otras tienen sus secreciones hormonales bloqueadas por sustitutos farmacológicos (habitualmente un goteo de oxitoxina sintética y una anestesia peridural). Aun aquellas que han traído a sus bebés al mundo sin ayuda farmacológica reciben a menudo una inyección de oxitoxina sintética para el alumbramiento de la placenta, en un momento crucial de la relación madre-bebé. (…) 

Estas consideraciones deben ser situadas en el contexto del siglo XXI. Estamos en una época en que la humanidad debe inventar estrategias de supervivencia totalmente uevas. Comenzamos a darnos cuenta de los límites de las estrategias tradicionales. Debemos formular nuevas preguntas tales como: “¿Cómo se desarrolla esta forma de amor que es el respeto por la Madre Tierra?” La destrucción del planeta no se detendrá sin una unificación de la aldea global. Necesitamos las energías del amor más que nunca. Todas las creencias y rituales que ponen a prueba el instinto maternal agresivo protector están en camino de perder sus ventajas evolutivas . Es también en este preciso momento de la historia que se desarrolla la cientificación del amor. Es por eso que este aspecto poco conocido de la revolución científica debe ser considerado como una de las grandes etapas de la historia de la humanidad.

“El Granjero y el Obstetra”, Michel Odent. Editorial Creavida (2002).